La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (Noaa) elevó su nivel de vigilancia por el rápido fortalecimiento de El Niño y señaló que existe más de un 90% de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026-2027. El organismo también indicó que las condiciones actuales muestran un calentamiento significativo del Pacífico ecuatorial.
El fenómeno forma parte del ciclo Enso, que alterna entre El Niño, La Niña y períodos neutrales. Su desarrollo modifica la circulación de la atmósfera y puede alterar los patrones habituales de temperatura y precipitaciones a miles de kilómetros de su origen.
De acuerdo con la actualización de la Noaa del 13 de agosto, las anomalías de temperatura superficial del mar ya superan los 2 °C en sectores del Pacífico ecuatorial oriental. La evolución prevista mantiene una tendencia de fortalecimiento durante los próximos meses, aunque la intensidad máxima y el momento exacto del pico todavía presentan cierto grado de incertidumbre.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ya había advertido en junio y julio sobre una rápida evolución hacia un El Niño fuerte durante 2026. Sus proyecciones señalan que el fenómeno puede favorecer temperaturas superiores a lo normal, lluvias intensas, inundaciones, sequías y olas de calor, con efectos diferentes según cada región.
En América del Sur, El Niño suele modificar de manera marcada la distribución de las precipitaciones. Algunas zonas pueden enfrentar períodos más húmedos y riesgo de lluvias intensas, mientras que otras pueden registrar condiciones más secas, con posibles consecuencias sobre la agricultura, los recursos hídricos y la generación de energía.
El impacto también puede extenderse hacia América del Norte y otras regiones del planeta. En Estados Unidos, los patrones asociados al fenómeno pueden favorecer inviernos más cálidos y secos en algunas áreas y condiciones más húmedas en otras, mientras que en Asia y Oceanía pueden producirse cambios en las lluvias y las temperaturas habituales.
La actividad de los ciclones tropicales también puede verse modificada. El Niño tiende a reducir la actividad de huracanes en el Atlántico, pero puede favorecer una mayor actividad ciclónica en sectores del Pacífico, aunque el comportamiento final depende de otros factores atmosféricos y oceánicos.
La intensidad del fenómeno no implica necesariamente que sus efectos sean iguales en todas las regiones. La OMM remarca que cada episodio de El Niño presenta características propias y que otros patrones climáticos también intervienen en la evolución del tiempo y el clima regional.
Ante este escenario, los organismos meteorológicos recomiendan reforzar el seguimiento y la preparación de los sectores más expuestos, especialmente agricultura, energía, agua, salud y gestión de emergencias. Los pronósticos anticipados permiten adaptar decisiones y reducir los riesgos asociados a lluvias extremas, sequías y temperaturas elevadas.

