Al menos 36 personas murieron y otras 33 permanecen desaparecidas tras el devastador temporal que azota desde el lunes la región de Zona da Mata, en el estado brasileño de Minas Gerais. Las ciudades más afectadas son Juiz de Fora y Ubá, donde las lluvias récord provocaron inundaciones, derrumbes de viviendas y deslizamientos de tierra que arrasaron barrios enteros.
De acuerdo con el Departamento de Bomberos, 30 de las víctimas fatales se registraron en Juiz de Fora —entre ellas al menos cinco niños— mientras que en Ubá se confirmaron otras seis muertes. En medio del barro y la destrucción, equipos de rescate trabajan contrarreloj para dar con sobrevivientes. Hasta el momento, 208 personas fueron rescatadas con vida.
Las tareas se desarrollan en condiciones extremadamente complejas debido al suelo anegado y la inestabilidad del terreno, lo que mantiene vigente el riesgo de nuevos derrumbes. El río Paraibuna desbordó y dejó sectores completamente aislados, mientras cientos de familias debieron abandonar sus hogares.
El impacto social es profundo: alrededor de 3000 personas quedaron sin techo y unas 600 familias recibieron la recomendación de evacuar por peligro estructural. En Juiz de Fora, 15 escuelas fueron habilitadas como refugios temporales y las clases quedaron suspendidas. En Ubá, varios centros de salud debieron interrumpir su atención por daños causados por el agua.
Las precipitaciones acumuladas superaron ampliamente los registros históricos. Según datos oficiales, el volumen de lluvias de febrero ya excede en más de un 200% el promedio esperado para todo el mes, convirtiéndose en uno de los episodios más intensos desde que existen mediciones.
Ante la magnitud de la tragedia, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ordenó una movilización inmediata de equipos federales y expresó su solidaridad con las familias afectadas. El gobierno reconoció el estado de calamidad pública declarado por Juiz de Fora y envió efectivos del Ejército para reforzar los operativos, mientras el gobernador Romeu Zema decretó tres días de luto oficial en la provincia.
En las zonas más golpeadas, la angustia domina el paisaje. Entre escombros y montículos de barro, vecinos y rescatistas comparten la misma esperanza: encontrar con vida a quienes aún no aparecen y empezar, lentamente, a reconstruir lo que el agua se llevó.

