Un accidente cerebrovascular (ACV) empieza a afectar con mayor frecuencia a adultos jóvenes y activos, según estadísticas y especialistas consultados. La American Stroke Association estima que uno de cada cuatro adultos sufrirá un ACV a lo largo de su vida y que hasta el 80% de esos episodios podría prevenirse. El tiempo de respuesta resulta determinante: las primeras 4,5 horas tras el inicio de los síntomas reducen la probabilidad de secuelas graves y la llamada “hora de oro”, los primeros 60 minutos, aumenta las posibilidades de recuperación sin daño permanente.
El ACV se produce por la interrupción del suministro de oxígeno al cerebro, por un coágulo (ACV isquémico) o por la rotura de un vaso (ACV hemorrágico), y existe además el accidente isquémico transitorio (AIT), de carácter temporal. Cerca del 65% de los ACV son isquémicos, informó el neurocirujano Matías Baldoncini, quien señaló: “Durante décadas, el ACV fue sinónimo de edad avanzada, hipertensión y tabaquismo. Hoy, las guardias muestran otro rostro: pacientes menores a 50 años con déficits neurológicos súbitos, muchas veces sin antecedentes evidentes”. El medico vinculó ese cambio con el estrés crónico, el sedentarismo, la contaminación, las disfunciones metabólicas tempranas y diagnósticos tardíos.
Investigadores documentan aumento de casos de ACV en adultos jóvenes
Estudios regionales y nacionales muestran un crecimiento de eventos cerebrovasculares en población joven y en mujeres. Una investigación publicada en The Lancet Regional Health – Americas, que analizó la evolución de eventos cardiovasculares en 38 países durante 30 años, registró esa tendencia. También, los factores de riesgo tradicionales, como la hipertensión, el tabaquismo, la diabetes y el colesterol alto, están presentes en personas jóvenes. Además, desde 2015 se frenó la tendencia a la baja y comenzaron a subir tanto la incidencia como la mortalidad, con un impacto mayor en mujeres.

La identificación de causas demanda ampliar los estudios y la intervención multidisciplinaria, según especialistas locales. El registro JACARANDA, presentado en el Congreso Internacional de ACV, mostró que en el 50% de los casos no pudo determinarse la causa. Es más, la mitad de esos pacientes recibió una evaluación incompleta.
Los síntomas a tener en cuenta
Según Infobae, ea prevención se apoya en el control de factores cardiovasculares y en cambios en el estilo de vida que reduzcan el riesgo de ACV. Baldoncini afirmó: “El principal enemigo es la hipertensión arterial mal controlada. También aumentan el riesgo de ACV, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol alto, la fibrilación auricular, la obesidad, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol y las dietas poco saludables”. Entre las recomendaciones figuraron alimentación equilibrada, actividad física regular, abandono del tabaco y del consumo excesivo de alcohol. El control de la presión y la glucemia, y chequeos médicos periódicos son esenciales.
Además, reconocer signos y pedir atención urgente mejora el pronóstico y reduce secuelas potenciales; quedarse en casa es la peor decisión posible. Entre los síntomas de alarma aparecen dificultades en el habla, adormecimiento o torcedura de la cara. A esto se le puede sumar pérdida de fuerza, pérdida de visión y dolor de cabeza intenso. Entre otros signos frecuentes se encuentran la confusión al hablar, problemas para caminar, mareos, pérdida de equilibrio. Inclusive, la falta de coordinación, y recalcaron la necesidad de llamar de inmediato a emergencias ante la sospecha

