A los 12 años, Magalí Baéz volvió a escuchar con claridad después de más de dos años sin audífonos. Oriunda de Oberá, padece hipoacusia bilateral, una condición que le hizo perder gran parte de la audición desde muy pequeña. La reciente entrega de dispositivos auditivos le cambió la vida, gracias al acompañamiento médico y a la gestión de su familia.
“Descubrimos que no escuchaba bien cuando tenía dos años”, contó su papá, Máximo Baéz, en diálogo con Canal12misiones.com. “Fuimos al Hospital Madariaga, y allí nos atendió Natalia, una fonoaudióloga que nos acompañó desde el principio. Ella le dio su primer audífono, que usó por más de cinco años. Después se venció y pasamos más de dos años sin poder conseguir otro”.
El proceso no fue fácil. Durante ese tiempo, Magalí enfrentó obstáculos en la escuela, no solo por las dificultades para comunicarse, sino también por el bullying de sus compañeros, que la llamaban “sordita”. Eso la desanimó a seguir usando el dispositivo. “Le daba vergüenza. Pero ahora los audífonos nuevos son más chicos, más estéticos y ya se adaptó. Está feliz”, destacó.
Según explicó, los primeros días con el nuevo equipo fueron un desafío: “Al principio escuchaba mucho ruido, pero después se acostumbró y nos dimos cuenta de la diferencia: caminaba tres metros adelante y te escuchaba si le hablábamos, antes no”.
Por otro lado, indicó que acceder a audífonos por cuenta propia hubiera sido imposible: “Hoy deben costar más de un millón de pesos los dos. En su momento valían 200 mil cada uno. Todo aumentó. En Suiza o Alemania tal vez se consiguen, pero acá no”.

Gracias al seguimiento permanente de su fonoaudióloga, Magalí mantiene sus controles cada seis meses. Algunos se hacen en el hospital, otros en el Instituto Habla, donde atiende la misma profesional que la acompaña desde hace una década. “Pagamos unos 15 mil pesos por consulta. No es gratuito, pero confiamos en ella”, explicó el papá.
Aunque se consideró la posibilidad de un implante coclear, la familia decidió no avanzar por los costos, el tiempo de rehabilitación y el seguimiento complejo que implica. “No es solo colocar el aparato y ya. Lleva mucho más”, subrayó.
Finalmente, dejó un mensaje para otras familias que atraviesan situaciones similares:
“Hay que preguntar, no quedarse callado. Ir a Acción Social, a la Municipalidad, al Ministerio de Salud. Todavía hay gente buena que ayuda. No están solos.”



