Este 20 de agosto se celebra el Día Mundial de la Papas Fritas, una preparación que ocupa un lugar habitual en mesas familiares y restaurantes de todo el mundo. Aunque su receta parece sencilla, detrás de su historia existe una disputa que Francia y Bélgica mantienen desde hace décadas.
Una de las versiones más difundidas ubica el origen de las papas fritas en Bélgica, en la región de Namur. Según este relato, durante el invierno de 1680 los habitantes de la zona solían freír pequeños pescados. Cuando los ríos se congelaron y la pesca dejó de ser posible, habrían cortado las papas con una forma similar a la de los peces para freírlas.
Francia también cuenta con una versión propia. La historia se vincula con Antoine-Augustin Parmentier, quien promovió el consumo de la papa en Francia a fines del siglo XVIII, cuando el tubérculo todavía generaba desconfianza entre parte de la población. Sus distintas preparaciones ayudaron a incorporar la papa a la gastronomía francesa. La discusión sobre el origen de las papas fritas continúa sin una respuesta definitiva.

Dos temperaturas para una papa crocante
Conseguir papas fritas crocantes por fuera y suaves por dentro requiere controlar la cocción. Una técnica habitual consiste en una doble fritura: primero, las papas se cocinan a unos 160 °C para favorecer la cocción del interior y reducir parte de la humedad.
Luego se realiza una segunda fritura, esta vez a unos 190 °C, que permite dorar la superficie y conseguir una textura más crujiente. Antes de entrar al aceite, las papas deben quedar bien secas. Después de la fritura, conviene condimentarlas de inmediato para que la sal se adhiera de forma pareja.

Un clásico con versiones argentinas
Las papas fritas cruzaron fronteras y adoptaron distintas formas según cada gastronomía. En Argentina, acompañan hamburguesas, carnes, milanesas y sándwiches, aunque también ocupan un lugar central en platos como los huevos fritos con papas y el revuelto Gramajo. Otras versiones suman cheddar, panceta, verdeo y distintas salsas.
Más allá de la disputa entre Francia y Bélgica, la preparación forma parte de la gastronomía de numerosos países. El Día Mundial de la Papa Frita permite repasar una historia sin un origen confirmado y, al mismo tiempo, recordar que una buena fritura depende de detalles concretos: el secado, la temperatura y la doble cocción.

