Con apenas 12 años, Iago Kert, un joven de 25 de Mayo, tiene una habilidad para combinar creatividad, programación y robótica. Con formación en la Escuela de Robótica de Misiones, desarrolla juguetes a control remoto, imprime piezas en 3D y ya proyecta un futuro ligado a la ingeniería y la mecánica automotriz.
“Desde siempre me gustó inventar cosas”, cuenta Iago. “Al principio no eran cosas eléctricas, sino que me gustaba clavar clavos o armar casitas con machimbres”. Hoy, sus creaciones incluyen arcos mecánicos diseñados con precisión técnica, autos a control remoto y regalos personalizados impresos en 3D, como pulseras temáticas que obsequia a sus amigos. “Todavía no vendo, pero sigo aprendiendo”, aclaró.
En su paso por la Escuela de Robótica, Iago se formó como programador y experimentó el trabajo en equipo. “Nos dividimos en armadores y programadores. Yo, por ejemplo, era programador”, explicó y agregó: “Aprendí a programar con Educabot, un programa muy lindo”.
El caso de Iago no es aislado. Forma parte de una generación de talentos emergentes en tecnología que Misiones impulsa con políticas educativas. Estos niños no solo consumen tecnología, sino que aprenden a desarrollarla. Ese es uno de los mayores logros del ecosistema educativo misionero.
Entre sus sueños, Iago mencionó: “Me gustaría construir un auto cuando sea grande. O ser ingeniero, o mecánico de autos”. Mientras tanto, explora nuevas herramientas, perfecciona su técnica de impresión 3D y se convierte en un referente entre sus compañeros.
Con su historia, Iago demuestra que con vocación, curiosidad y oportunidades el resultado puede ser sorprendente. Un ejemplo del potencial que tiene la educación tecnológica pública en Misiones para transformar el presente y futuro de sus jóvenes.












