Ibai Llanos, uno de los creadores de contenido más populares del mundo hispanohablante, atraviesa un momento sensible. Luego de perder más de 70 kilos en un año, el streamer vasco compartió su experiencia y reclamó públicamente que cesen los memes creados con inteligencia artificial que distorsionan su imagen. La viralización de estas imágenes generó alarma en su familia, especialmente en su madre, quien creyó que su hijo atravesaba un problema grave de salud.
En un video publicado en su cuenta de Instagram, Llanos dijo: “Esto empezó como una broma con Ibai adelgazado, pero ya no es gracioso. Basta con los edits, de verdad, parad ya. Lo pido, por favor”. De esta manera, pidió un freno a la exposición desmedida que provocó preocupación en su entorno más íntimo. “Mi madre me dice, ‘Hijo, ¿estás bien? ¿Qué has hecho? ¿La dieta keto o la dieta queta?’”, relató con tono humorístico, pero dejando en claro la incomodidad que le produjo la situación.

Las razones del cambio físico de Ibai Llanos
El influencer explicó que no persiguió fines estéticos, sino que priorizó su salud. “Este cambio físico lo hice porque me iba para el otro barrio, no lo hice por ser guapo. Soy feo”, bromeó. A pesar del tono distendido, Ibai remarcó la seriedad del proceso: “He perdido desde mi peor peso 70 kg. Este tío pesa 70 kg. Yo me he quitado eso”.
Según él mismo contó, no ocultó nada. Mostró cada paso de su transformación a través de redes sociales. “Sé que muchos de vosotros habéis seguido mi cambio físico día a día. Habéis visto mis entrenamientos, mi alimentación. He subido más de 100 o 150 vídeos entrenando. No hay nada que esconder”.
Sin embargo, la cultura digital muchas veces desborda los límites del respeto. En ese sentido, el caso de Ibai expuso una forma de hostigamiento que afecta a personas en internet, ya sean famosas o anónimas. UNICEF advirtió que el ciberacoso puede causar consecuencias profundas. “Los efectos psicológicos y emocionales en las víctimas de ciberacoso pueden ser profundos y perdurar en el tiempo, generando ansiedad, depresión, y en casos extremos, pensamientos suicidas”, informó la entidad.
La discriminación hacia cuerpos grandes, conocida como gordofobia, también juega un rol central. Según Ana Celia Chapa Romero, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, este prejuicio se manifiesta en estereotipos negativos como la flojera, la falta de disciplina o inseguridad. “La gordofobia puede acompañarse de violencia física, psicológica, económica y de barreras sociales”, señaló la especialista.
Ibai Llanos sufrió este tipo de discriminación durante años. “He aguantado durante cuatro años que la gente estuviera sistemáticamente llamándome gordo, llamándome obeso, o diciendo ‘Ibai, te vas a morir la semana que viene’… Porque al final es lo que yo he aguantado durante toda mi vida en redes sociales”, reveló.
El origen de su problema se remonta a su infancia. Llanos nació en Garatea, Bilbao, en 1995 y practicó múltiples deportes. Sin embargo, al abandonar la actividad física, mantuvo la misma alimentación. “El problema fue que lo dejé, pero seguía comiendo lo mismo, y obviamente mi cuerpo no lo toleró bien”, relató en una entrevista con GQ.
El streamer detalló que decidió cambiar cuando un diagnóstico de prediabetes lo alertó. Además, hizo una apuesta con Gerard Piqué para motivarse. “No me gusta nada el tema de operaciones ni pasar por quirófanos; así que cambiar físicamente era la única salida”, afirmó en diálogo con The Guardian.
Durante más de un año, combinó dieta y entrenamiento riguroso. Subió contenido constantemente y recibió un gran apoyo de su comunidad. “El cariño que he recibido de la gente con cada vídeo que subía documentando mi cambio era una locura. Nunca me habían mostrado tanto apoyo como en este proceso”, comentó.
Aunque el reconocimiento público es enorme, Ibai mantiene una vida privada simple y centrada en sus afectos. “Valoro cada día el privilegio de levantarme y lo comparo con la situación de mucha gente en España o Latinoamérica”, reflexionó.
La historia de Llanos evidencia los desafíos que enfrentan las figuras públicas ante el ciberacoso y la presión estética. También abre un debate sobre los límites del humor en redes sociales y el respeto hacia los procesos personales de transformación.

