Secciones

Written by 11:42 am Economía

La importación de carne porcina creció un 165% y profundiza la crisis en el sector

La presión sobre precios y costos amenaza el equilibrio productivo y el empleo regional.

La cadena porcina atraviesa uno de sus momentos más difíciles en Argentina, marcada por un salto inédito de las importaciones y un escenario interno que combina costos en alza con precios que no acompañan. Durante 2025, el país importó 53.000 toneladas de carne porcina, un volumen que duplicó el promedio histórico y alteró la dinámica del mercado interno, donde la producción local perdió capacidad para fijar precios.

El crecimiento interanual del 165% en las importaciones, con Brasil como principal origen, generó un impacto directo en la rentabilidad de las granjas. La mercadería extranjera ingresa con valores que funcionan como techo artificial para el cerdo nacional, en un contexto donde los costos productivos suben por encima de la inflación y erosionan los márgenes del sector.

El efecto también recae en Misiones, donde la actividad porcina cumple un rol estratégico dentro de las economías regionales, especialmente a través de la Cooperativa Frigorífica de Leandro N. Alem (COFRA), que integra producción primaria, faena y agregado de valor. La pérdida de competitividad del cerdo argentino compromete este esquema, que depende de un mercado interno estable para sostener empleo, inversiones y encadenamientos productivos.

Efecto tijera: costos en alza y precios contenidos

Desde el sector advierten que la actividad sufre un marcado “efecto tijera”. En el inicio de 2026, el precio del cerdo en pie subió apenas 12% interanual, frente a una inflación del 31,5%. Al mismo tiempo, los principales insumos registraron incrementos muy superiores, con el maíz 40%, la soja 70% y el tipo de cambio oficial 40%, lo que profundizó el desfasaje económico.

Uno de los puntos más sensibles es la bondiola, históricamente el corte que permitía equilibrar la ecuación del negocio. Ese rol se quebró cuando la carne importada pasó a representar cerca del 50% del volumen comercializado, con prácticas denunciadas por productores que incluyen el ingreso de producto congelado que luego se vende como fresco, presionando aún más los precios locales.

A este escenario se suma la falta de previsibilidad. La cadena porcina requiere horizontes de inversión de entre cinco y diez años para amortizar instalaciones, pero hoy enfrenta reglas cambiantes, dificultades para recuperar saldos técnicos de IVA y acceso limitado al crédito. El diagnóstico del sector es contundente: una actividad eficiente y moderna queda asfixiada por una apertura comercial desordenada, que prioriza el negocio importador y debilita el desarrollo productivo federal.

(Visited 138 times, 1 visits today)
Close

Add to Collection

No Collections

Here you'll find all collections you've created before.