Después de más de 40 días de incendios ininterrumpidos y unas 60.000 hectáreas arrasadas, la provincia de Chubut recibió un alivio clave: lluvias persistentes, nevadas en la cordillera y un marcado descenso de las temperaturas que redujeron la intensidad de los focos más críticos.
El cambio en las condiciones meteorológicas impactó de manera directa en las zonas afectadas, especialmente en el Parque Nacional Los Alerces, donde el fuego continúa activo tras haber consumido alrededor de 16.000 hectáreas. Desde la administración del área protegida señalaron que el aumento de la humedad relativa y la baja térmica generaron una “ventana de oportunidad” para reforzar tareas de control y evaluar condiciones de seguridad en senderos y líneas de defensa.

Las precipitaciones también trajeron alivio a Cholila, donde brigadistas y vecinos enfrentaron semanas de extrema tensión. En los cerros, la nieve ayudó a enfriar sectores de difícil acceso donde las llamas avanzaban en altura. Sin embargo, tras las lluvias se detectaron puntos calientes en pinares y zonas de turba, lo que obliga a mantener operativos de enfriamiento y vigilancia permanente.
En paralelo, el foco iniciado en cercanías del lago Epuyén presenta una mejora significativa y en algunos sectores fue declarado controlado, aunque las autoridades advierten que el riesgo no está completamente superado. Las cuadrillas continúan con recorridas diarias para evitar rebrotes.
Mientras se avanza en la recuperación de caminos y accesos turísticos, el operativo entra en una nueva etapa marcada por la cautela. El impacto ambiental es profundo y el desafío ahora será sostener el control del fuego y planificar la restauración de un territorio que incluye áreas declaradas Patrimonio Mundial y ecosistemas de altísimo valor ecológico.

