La firma Granja Tres Arroyos, el mayor frigorífico avícola del país, atraviesa una crisis financiera que podría derivar en al menos 450 despidos desde marzo en Concepción del Uruguay. Se da en un escenario marcado por la apertura de importaciones, el ingreso masivo de pollo brasileño y el freno a las exportaciones. La situación expone el impacto de la actual política económica nacional sobre la industria.
La crisis industrial golpea de lleno a uno de los emblemas de la producción avícola argentina. Según fuentes del sector, la apertura comercial facilitó la llegada de pollo brasileño a supermercados y comercios de cercanía con precios que los productores locales no logran igualar. El diferencial cambiario y los menores costos de producción en Brasil profundizan la brecha.
A ese escenario se sumó el cierre del mercado europeo para la carne avícola argentina, tras restricciones sanitarias vinculadas a un rebrote de gripe aviar. Las exportaciones resultan clave para equilibrar costos internos. Sin ese ingreso de divisas, la ecuación financiera se deteriora con rapidez.
La empresa pertenece al empresario Joaquín de Grazia, quien había respaldado públicamente el rumbo económico del presidente Javier Milei. Sin embargo, el nuevo esquema de competencia externa y las dificultades exportadoras colocaron a la firma al borde del colapso.
Un informe de la consultora String-Agro advierte que marzo será un mes decisivo. Si no se reactivan las exportaciones en abril, el riesgo de quiebra se volvería concreto. Además de los 450 trabajadores que podrían ser desafectados entre plantas propias y vinculadas, la empresa ya arrastra un fuerte ajuste interno.
En los últimos meses se registraron alrededor de 160 despidos y unos 300 trabajadores adhirieron a retiros voluntarios. Según fuentes locales, aún restan pagos de indemnizaciones acordadas. La planta llegó a emplear cerca de 1.500 personas. Hoy el número ronda los 700.
El impacto trasciende a la compañía. Concepción del Uruguay tiene cerca de 80.000 habitantes. El frigorífico figura entre sus principales empleadores formales. Un eventual cierre implicaría un golpe directo al consumo, al comercio y a la cadena productiva local.
La crisis no se limita al sector avícola. Meses atrás cerró una planta de YPF que abastecía de combustible por vía fluvial y empleaba a 47 trabajadores. También se registraron despidos en el sector maderero. En paralelo, crecen pequeños comercios y emprendimientos gastronómicos como alternativa ante la caída del empleo formal.
En el sector advierten que los costos internos dolarizados, las tarifas energéticas elevadas y un tipo de cambio que no acompaña la competitividad complican la producción nacional. El resultado es una presión creciente sobre la estructura laboral.
La situación de Granja Tres Arroyos se suma a otros antecedentes en la industria avícola, como el caso de Cresta Roja, firma que arrastra dificultades desde hace más de una década y que vuelve a enfrentar versiones de cierre de plantas.
En un país atravesado por la recesión y la caída del consumo, el conflicto expone la fragilidad del entramado industrial. Marzo aparece como un punto de inflexión, y 450 familias esperan una definición que puede cambiar el rumbo económico de toda una ciudad.

