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Written by 5:41 pm Economía

Crecen los concursos preventivos y más empresas argentinas buscan evitar la quiebra ante la crisis económica

El inicio de 2026 muestra un aumento de empresas que recurren a la Justicia para ordenar sus deudas. Consumo débil, tasas altas y mayor competencia externa presionan a distintos sectores.

El comienzo de 2026 dejó al descubierto una tendencia que empieza a repetirse en distintos sectores de la economía argentina: cada vez más empresas recurren a la Justicia para intentar reorganizar sus deudas y evitar la quiebra. Entre concursos preventivos, defaults y procesos falenciales, compañías de rubros muy diversos enfrentan dificultades para sostener su actividad en un contexto económico complejo.

Detrás de muchos de estos casos aparecen factores comunes: caída del consumo interno, tasas de interés elevadas, mayor competencia de productos importados, dificultades para acceder al crédito y aumentos en los costos operativos. Este conjunto de variables golpea tanto a la industria como al comercio y al sector agropecuario.

Uno de los ejemplos recientes es el de Goldmund, la empresa dueña de la marca de electrodomésticos Peabody, que solicitó la apertura de su concurso preventivo para renegociar sus deudas con acreedores. La compañía busca ganar tiempo para reordenar su situación financiera en un mercado cada vez más competitivo y con ventas debilitadas.

El deterioro del sector comercial quedó aún más expuesto con la quiebra definitiva de Garbarino, una de las cadenas históricas del retail argentino. Tras más de cuatro años de proceso judicial y sin lograr un inversor que rescatara la compañía, la Justicia avanzó con la liquidación final de la firma.

El agro tampoco quedó al margen de las dificultades. La empresa agrícola Italar, con base en Chaco, pidió su concurso preventivo luego de enfrentar campañas productivas adversas y un fuerte endeudamiento financiero. La firma acumuló deudas superiores a los 16.000 millones de pesos y decenas de cheques rechazados.

En el ámbito tecnológico y biotecnológico, uno de los casos más resonantes fue la quiebra de Bioceres S.A., la sociedad original del grupo surgido en Rosario. La compañía registraba deudas superiores a 39 millones de dólares y un patrimonio neto fuertemente deteriorado, lo que derivó en la apertura del proceso falencial.

La industria textil también aparece entre las más afectadas. Empresas como Hilados S.A., del grupo TN & Platex, y la histórica Emilio Alal S.A. recurrieron a concursos preventivos para reorganizar sus pasivos. Ambas señalaron como causas principales la caída del consumo, el crecimiento de la ropa importada y el aumento de costos productivos.

Las dificultades financieras alcanzan incluso a empresas vinculadas a la infraestructura y los insumos industriales. La firma de iluminación Alic S.A., dedicada a la comercialización de luminarias LED, también solicitó su concurso preventivo tras reconocer problemas de liquidez y una fuerte caída de ventas vinculada a la paralización de la obra pública.

En conjunto, estos casos reflejan que el recurso al concurso preventivo vuelve a instalarse como una herramienta clave para empresas que buscan evitar un colapso definitivo, ante las medidas implementadas por el Gobierno nacional. Aunque cada historia tiene su propia dinámica, muchas comparten un mismo trasfondo: un escenario económico incierto que obliga a las compañías a renegociar sus deudas para intentar sobrevivir.

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