Un estudio de la Universidad de Buenos Aires UBA encendió una señal de alerta sobre la situación financiera de los hogares argentinos al advertir que la morosidad ya supera los niveles registrados durante la pandemia. El informe refleja un deterioro sostenido en la capacidad de pago de las familias, en un contexto de caída del poder adquisitivo y mayor dependencia del crédito para sostener el consumo.
Según el análisis, cada vez más hogares recurren al endeudamiento para afrontar gastos cotidianos, como alimentos y productos de primera necesidad. Este fenómeno se profundizó en los últimos años y se combina con un incremento significativo en los niveles de incumplimiento, lo que evidencia que una parte creciente de la población no logra cumplir con sus obligaciones financieras en tiempo y forma.
El informe también señala que el uso del crédito se expandió como una herramienta para compensar la pérdida de ingresos reales. Sin embargo, ese “alivio” se transformó en un problema estructural: el aumento del endeudamiento vino acompañado por mayores dificultades de pago, lo que impulsó la suba de la morosidad en distintos segmentos del sistema financiero.
En este contexto, los datos muestran que la mora en los créditos a familias alcanzó niveles récord en los últimos meses, con tasas que superan los registros de años anteriores. Factores como salarios rezagados, empleo inestable y el encarecimiento del financiamiento explican este deterioro, que afecta especialmente a los sectores más vulnerables.
El trabajo advierte además que esta dinámica tiene impacto directo en la economía en general, ya que limita el consumo y condiciona la recuperación de la actividad. Con hogares cada vez más endeudados y con menor margen para afrontar pagos, la morosidad se consolida como uno de los principales indicadores de la fragilidad económica actual.
En este escenario, el informe advierte que, si no se logra recomponer el poder adquisitivo y estabilizar las condiciones económicas, la presión sobre los hogares podría profundizarse en los próximos meses. La combinación de ingresos rezagados, crédito más caro y mayores exigencias financieras no solo compromete la capacidad de pago de las familias, sino que también condiciona el nivel de consumo y la recuperación económica. Así, la evolución de la morosidad se convierte en un indicador clave para anticipar el rumbo de la economía real y el grado de vulnerabilidad de los hogares argentinos.

