La inflación y la pérdida de ingresos golpean de lleno a la medicina prepaga: casi la mitad de los afiliados evalúa dejar su cobertura en los próximos seis meses a raíz de la recesión nacional que golpea a todo el país. El dato surge de un relevamiento de MiObraSocial.com.ar, que refleja cómo un gasto históricamente intocable empieza a tambalear en la economía argentina. El estudio muestra que el 57,6% de los usuarios ya bajó de plan o lo pensó seriamente en el último año. La tendencia confirma que el ajuste frente a las cuotas mensuales se instaló como una práctica extendida.
Más preocupante aún es lo que ocurre con quienes abandonan el sistema privado. El 62% de los que se dieron de baja en los últimos doce meses hoy depende exclusivamente de hospitales públicos. Apenas un 9% migró a una prepaga más económica y el 29% pasó a atenderse con obra social.
El fundador de MiObraSocial.com.ar, Ignacio Cámpora advierte que “no observamos una caída dramática de afiliados, pero sí un descenso gradual y sostenido”. Según el especialista, la mayoría intenta conservar su cobertura el mayor tiempo posible, aunque la pérdida de poder adquisitivo y los despidos empujan a muchos a buscar alternativas.

Desde la Superintendencia de Servicios de Salud de la Nación, Claudio Stivelman asegura que el universo de afiliados directos creció en más de 370 mil personas en tres años, y que hoy supera los ocho millones. La Unión Argentina de Salud coincide en que la cobertura total se mantiene estable, con crecimiento en algunos segmentos.
En las empresas del sector reconocen que cada vez más afiliados bajan de categoría. Una prepaga mediana informó que registra un promedio de 1.200 cambios de plan por mes, aunque su cartera total creció un 36,8% en dos años. En el segmento premium, las ventas se sostienen, pero las estrategias de retención se vuelven clave: promociones, copagos y clínicas propias para evitar bajas.
Un mercado laboral frágil
En este contexto presidente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino, (IDESA), Jorge Colina, explicó que seis millones de personas derivan sus aportes a prepagas desde empleos formales y otros dos millones contratan de manera particular. “Cuando se habla de que las personas piensan en darse de baja, hablamos de estos dos millones”, señaló. Sin embargo, advierte que los despidos empiezan a encender alarmas.
Un informe de Bumeran revela que casi siete de cada diez empresas redujeron personal en la primera mitad del año. El 61% lo hizo para recortar costos y el 35% planea más ajustes. A esto se suma que, según Chubb, el 54% de los argentinos teme perder su empleo y el 36% duda de poder afrontar gastos esenciales si queda desvinculado.
El escenario muestra un sistema que aún se sostiene en números, pero con señales de desgaste. La presión sobre el sector público crece y las prepagas ajustan sus estrategias para retener socios. El futuro inmediato dependerá de la evolución del mercado laboral y de la capacidad de las familias para seguir pagando su cobertura.

