A fines de 2000, Lionel Messi tenía apenas 13 años y su futuro futbolístico todavía estaba lejos de estar definido. El joven rosarino había viajado a Barcelona para demostrar su talento, pero pese a haber causado una gran impresión en las pruebas, la falta de una decisión concreta del club comenzó a generar preocupación en su familia.
Jorge Messi había acompañado a su hijo en aquel viaje y necesitaba certezas para saber si valía la pena prolongar la estadía en España. La posibilidad de regresar a Rosario comenzó a tomar fuerza mientras las negociaciones avanzaban sin una confirmación definitiva por parte de la institución catalana.

En medio de esa incertidumbre intervino Carles Rexach, entonces secretario técnico del Barcelona. El dirigente había quedado convencido por las condiciones del juvenil y entendió que el club debía asegurarse su incorporación antes de que otro equipo pudiera adelantarse.
El 14 de diciembre de 2000, durante una reunión en Barcelona, Rexach tomó una servilleta de papel y escribió a mano un compromiso para contratar a Messi. El documento, firmado también por el representante Josep Minguella y el empresario Horacio Gaggioli, dejaba constancia de la intención de incorporar al joven argentino pese a las dudas que todavía existían dentro del club.
Aunque aquella nota no constituía un contrato formal, tuvo un peso decisivo para la familia Messi. La promesa de Rexach le permitió a Jorge confiar en que Barcelona realmente estaba dispuesto a apostar por su hijo y continuar las gestiones para concretar el acuerdo.
Con el tiempo llegaron los documentos oficiales y Messi pasó a formar parte de las inferiores del club catalán. Barcelona también asumió el tratamiento hormonal que el futbolista necesitaba para completar su crecimiento, un aspecto determinante para que la familia pudiera sostener el proyecto de permanecer en España.
Aquella decisión implicó mucho más que la incorporación de un juvenil con talento. Para Jorge Messi significó confiar en una promesa todavía incierta y sostener junto a su hijo una apuesta que había comenzado en Rosario, mientras para Barcelona representó el primer paso de una relación que terminaría transformando para siempre la historia de la institución.
Más de dos décadas después, aquella servilleta se convirtió en uno de los objetos más emblemáticos vinculados con la carrera de Lionel Messi. Lo que nació como una garantía improvisada ante la incertidumbre terminó simbolizando el momento en que una familia decidió quedarse en Barcelona y apostar por el sueño de un chico que terminaría convirtiéndose en una de las mayores leyendas del fútbol mundial.

