El sector yerbatero atraviesa un escenario de creciente tensión. Los últimos datos disponibles muestran una nueva caída en la producción de hoja verde, mientras el consumo interno permanece prácticamente estancado y las importaciones continúan muy por encima de los niveles registrados antes de la actual crisis.
En 2024, los establecimientos de secado procesaron 987,1 millones de kilogramos de hoja verde. Fue la mayor cosecha anual de los últimos cinco años y representó un crecimiento de 27,4% frente a 2023. Sin embargo, la tendencia se revirtió durante el año 2025.
Ese año se procesaron 889,3 millones de kilogramos. La cifra implicó una caída de 9,9% interanual. La retracción estuvo vinculada, entre otros factores, con la enfermedad del rulo, pero también con un problema que se volvió central para el sector: la pérdida de rentabilidad del productor.
La tendencia continuó durante 2026. En el primer semestre se procesaron 417,5 millones de kilogramos de hoja verde. El volumen representa una caída de 7,2% respecto del mismo período de 2025 y de 25,9% frente al primer semestre de 2024.
Además, el registro se ubica 11% por debajo del promedio de los últimos siete semestres enero-junio, entre 2019 y 2025. Considerando que se necesitan aproximadamente tres kilogramos de hoja verde para obtener un kilogramo de yerba mate elaborada, la producción molida estimada para el primer semestre de 2026 fue de 139,2 millones de kilogramos.
El deterioro también modifica el peso relativo de las provincias productoras. Misiones concentró durante 2025 el 83,2% del ingreso de hoja verde. Fue su participación más baja de los últimos cinco años. En el primer semestre de 2026, esa proporción volvió a caer y quedó en 80%.
Corrientes, en cambio, alcanzó el 20% durante los primeros seis meses de este año. Se trata de su mayor participación de los últimos cinco años. La provincia también había alcanzado durante 2025 el porcentaje más alto del último quinquenio, con el 16,8%.
La diferencia entre ambas provincias también aparece en la etapa industrial. Mientras Misiones cuenta con 86 operadores entre pymes, cooperativas y empresas familiares, Corrientes concentra la actividad en apenas seis empresas.
A nivel nacional, la producción primaria continúa atomizada. Los últimos datos disponibles de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca contabilizan unos 12.000 pequeños productores. La cadena cuenta, además, con 228 establecimientos de secado registrados y 105 industrias molineras y fraccionadoras.
Sin embargo, la industrialización presenta un escenario mucho más concentrado. Las diez principales empresas acumulan el 76,8% del mercado. Las tres primeras —Cooperativa Colonia Liebig, Las Marías y La Cachuera— explican el 49,5% de la producción que sale de los molinos.
Esta concentración adquiere especial relevancia en el actual escenario de desregulación. El menor poder de negociación de los productores, junto con la capacidad de las grandes empresas para absorber mayores costos, genera una fuerte presión sobre los precios de la materia prima.
El resultado es una brecha cada vez mayor entre lo que recibe el productor y el valor final de la yerba mate.
En junio, el productor captó apenas el 16,1% del precio de góndola. Al mismo tiempo, el costo estimado por el Instituto Nacional de la Yerba Mate se ubicó en $473,70 por kilogramo, mientras que el precio máximo considerado fue de $280.
La diferencia implica una pérdida estimada de $193,70 por kilogramo. En ese contexto, la producción deja de ser una actividad con previsibilidad económica y aumenta el riesgo de que los productores reduzcan inversiones, cuidados y superficie productiva.
Consumo estancado e importaciones todavía elevadas
El comportamiento del mercado interno tampoco aporta una señal de recuperación. Durante 2025, el consumo de yerba mate aumentó 3,1% interanual y alcanzó los 266,8 millones de kilogramos. Sin embargo, ese volumen todavía quedó 6,5% por debajo del registro de 2023.
Durante el primer semestre de 2026, además, el consumo volvió a retroceder. Se comercializaron 137,3 millones de kilogramos, un 0,7% menos que en el mismo período de 2025.
El dato muestra que, pese a la recuperación registrada durante 2025, el mercado interno permanece prácticamente en los niveles de 2023. El consumo del primer semestre de 2026 fue apenas 1% inferior al de igual período de aquel año.
A esto se suma el comportamiento de las importaciones. Si bien durante el primer semestre de 2026 registraron una caída de 30,1%, todavía se encuentran 163,1% por encima del mismo período de 2023. El abastecimiento externo proviene casi exclusivamente de Brasil y Paraguay.
De esta manera, el sector enfrenta una combinación compleja: menos producción local, un mercado interno que no logra expandirse y una oferta importada que continúa muy por encima de los niveles previos.
La situación también se refleja en las condiciones de pago. Actualmente, apenas la mitad de la producción se cobra al momento de la entrega. El resto se abona en cuotas que pueden extenderse hasta 120 días. En paralelo, aumentaron los cheques rechazados, lo que profundiza las dificultades financieras de quienes producen.
El escenario derivó en una mayor conflictividad. Productores y tareferos impulsaron distintas protestas y plantearon medidas de emergencia para el sector en Misiones. Entre las propuestas aparece la creación de un precio mínimo obligatorio para la hoja verde, como mecanismo para recuperar previsibilidad y evitar que el valor pagado en origen continúe por debajo de los costos de producción.
A este cuadro se suma el recorte de $1.705 millones al Programa IDER, que reduce el margen de acción para acompañar al sector.
Así, la crisis yerbatera no se limita a una caída coyuntural de la cosecha. El principal problema aparece en la pérdida de rentabilidad y en la falta de previsibilidad para quienes producen. Si esa tendencia se mantiene, el riesgo es que la menor rentabilidad termine traduciéndose en menor inversión, reducción de la actividad y una nueva caída de la producción en los próximos ciclos.

