Octubre vuelve a teñirse de rosa para poner en el centro la concientización sobre el cáncer de mama, la detección temprana y el acceso al tratamiento. En ese contexto, la historia de la locutora y conductora misionera María Fernanda Durán adquiere una fuerza especial: un año después de descubrirse un tumor, atravesó una cirugía, quimioterapia y radioterapia y recibió la noticia que esperaba desde hacía meses.
Haber escuchado su cuerpo, cumplir con los controles periódicos y consultar apenas detectó una señal diferente fue determinante. “Eso me salvó. Podría haber pasado otra cosa, podría haber estado cinco o seis años sin hacerme un autoexámen y, de repente, hubiera sido mucho más complicado”, reflexionó en el programa El Periodista de Canal Doce.
Un año después de aquel diagnóstico, llegó uno de los momentos más esperados: el resultado de un control posterior al tratamiento. “Entendí que estoy sana”, expresó, al recordar la emoción que sintió después de atravesar meses de estudios, intervenciones médicas, incertidumbre y profundos cambios en su vida.
Durán reconstruyó el camino que comenzó cuando detectó, durante un autoexamen, una pequeña protuberancia que no había notado antes. Hasta ese momento, todos sus controles habían sido normales. El estudio realizado el año anterior había arrojado una categoría BI-RADS 1, por lo que debía regresar al año siguiente. Sin embargo, en septiembre de 2025 algo cambió.

Había cumplido con sus controles anuales y tenía previsto realizarse la próxima mamografía en octubre, pero decidió consultar antes de tiempo tras notar una pequeña “pelotita” en una de sus mamas. La ecografía arrojó una categoría BI-RADS 4, compatible con una lesión sospechosa de malignidad. Al día siguiente le realizaron una punción para biopsia y, una semana después, llegó el diagnóstico que confirmó sus temores.
“Tenía un cáncer muy agresivo que fue detectado a tiempo”
La confirmación la encontró trabajando. Durán estaba al aire cuando recibió el mensaje del médico que le había realizado la punción. “Estaba en la radio cuando el médico me escribió para decirme que ya tenía el resultado y después me llamó. Cuando me dijo que no había salido bien, le pedí que me hablara con claridad, entonces me respondió: ‘es cáncer’”, relató.
A pesar del impacto, decidió terminar el programa antes de retirarse para comenzar a procesar lo que estaba ocurriendo. “Cuando asumo una responsabilidad, siento que tengo que cumplirla. Hay un compromiso”, explicó.
La primera intervención fue una cuadrantectomía, una cirugía para extirpar el tumor, acompañada por la extracción de tres ganglios. Según contó, los estudios posteriores indicaron que esos no presentaban metástasis. Después llegaron las distintas etapas del tratamiento, con quimioterapia y radioterapia. “Yo no le di tiempo a la enfermedad”, resumió al recordar aquellos meses.
Su rutina pasó a combinar consultas médicas, estudios, sesiones de tratamiento y trabajo. Al mismo tiempo, intentó sostener hábitos que consideró importantes durante el proceso, como la actividad física y una alimentación adecuada.
“Tenía una fecha para cada sesión de quimioterapia. Antes había que hacerse análisis para ver si los valores estaban bien y seguir adelante. Por suerte, pude completar todas las sesiones, acompañada por una buena alimentación y actividad física”, contó.
Sin embargo, la enfermedad coincidió con uno de los momentos más dolorosos de su vida personal. Mientras atravesaba el tratamiento, murió su padre el 21 de julio, justamente el día en que debía comenzar las sesiones de radioterapia. “Mientras tanto, la vida seguía. Había que seguir trabajando, atravesar el duelo y también transitar todo lo que estaba pasando”, recordó.
El autoexamen y la detección precoz: la clave que cambió el pronóstico
Durante años, Durán entrevistó desde los medios a mujeres que atravesaban un cáncer de mama. Esta vez, la experiencia dejó de estar del otro lado del micrófono. “Siempre pienso que la vida me da oportunidades para experimentar cosas. No digo que ésta fuera una experiencia que hubiera querido vivir, pero, de pronto, me convertí en una paciente oncológica”, expresó.
Para ella, nombrar la enfermedad fue parte del proceso de afrontarla. “Necesito poner todo en palabras. Para mí las cosas tienen nombre, hay que decirlas y reconocerlas”, sostuvo. El tratamiento también dejó marcas visibles. Perdió el cabello y atravesó una menopausia adelantada, entre otros efectos. “Se me cayó todo el pelo. Yo quería ver ese proceso, entenderlo, acompañarlo”, contó.

Después de completar el tratamiento llegó uno de los controles más esperados. En septiembre de este año, aproximadamente un año después de haber detectado aquella primera señal durante el autoexamen, Durán se realizó una nueva ecografía mamaria.
La doctora le comunicó que los resultados eran favorables. Más tarde envió el informe a su oncólogo, quien ratificó la noticia y le indicó continuar con los controles periódicos. “Cuando la doctora terminó la ecografía me dijo que estaba todo bien. Después le envié el informe a mi oncólogo y él me respondió: ‘Marifer, está todo bien. Te espero en tres meses para los controles’”, recordó.
La reacción fue inmediata. “Lloré. Fue una mezcla de emoción y de preguntarme qué cuerpo estoy habitando ahora. Después de todo lo que había pasado, era volver a encontrarme con mi cuerpo desde otro lugar”, relató.
Una historia que pone el foco en la prevención
La experiencia de Durán cobra un significado especial durante el Mes Rosa, que cada octubre impulsa campañas de concientización sobre el cáncer de mama y refuerza la importancia de la detección temprana, los controles médicos y el acceso oportuno al diagnóstico y al tratamiento.
“No cuento esto para decir ‘acá estoy yo’. No soy ejemplo ni modelo de nadie. Cada mujer atraviesa su situación de manera diferente, según su historia, sus circunstancias y la forma en que puede o quiere transitarla”, expresó.
Sin embargo, sí hay un mensaje que considera importante transmitir: la necesidad de conocer el propio cuerpo, sostener los controles y consultar ante cualquier cambio. “Yo llevaba una vida ordenada, sin excesos. No fumo y hago actividad física desde siempre. Después entendí que también formaba parte de una estadística. Por eso sabía que tenía que hacerme los controles y ocuparme de la situación”, señaló.
Hoy, con el tratamiento finalizado y los controles favorables, Durán continúa con el seguimiento médico indicado. Su historia, atravesada por el diagnóstico, la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia, la pérdida de su padre y los cambios físicos y emocionales que dejó la enfermedad, vuelve a poner en primer plano un mensaje central en cada Octubre Rosa: prestar atención al propio cuerpo, realizar el autoexamen y sostener los controles médicos puede marcar la diferencia. Y en su caso, como ella misma reconoce, fue una decisión que terminó siendo fundamental para llegar a tiempo.





