La Biofábrica de Misiones concretó este jueves un nuevo envío de 60 mil plantines de banano hacia una empresa radicada en Salta. Se trata del segundo despacho, en el marco de un plan que prevé la entrega de 250 mil ejemplares producidos con biotecnología misionera.
La encargada del Vivero de la Biofábrica, Agustina Franco, explicó: “Hace un mes realizamos el primer envío de 50 mil plantines y este jueves estamos enviando otros 60 mil, sobre un total de 250 mil que prevemos culminar en agosto”.
La producción combina biotecnología, agricultura de precisión y control ambiental para garantizar uniformidad, sanidad y vigor. Desde la selección clonal en laboratorio hasta la automatización del riego y la nutrición, las tecnologías aplicadas optimizan recursos y minimizan pérdidas en etapas tempranas.
“Una vez que salen de laboratorio, los plantines pasan por un área de preparación gradual para adaptarse a condiciones de campo. En Salta atraviesan la etapa de acondicionamiento al ambiente propio de esa provincia”, detalló la técnica.
Con este avance, Misiones consolida su rol como polo científico y tecnológico en la región y demuestra la capacidad de la biotecnología local para transformar la matriz productiva del país, exportando conocimiento de vanguardia de una provincia a otra. “Hace tres años estamos realizando estos despachos y son los mismos plantines que se envían a las chacras de Misiones”, ponderó Franco.
Desarrollo y crecimiento
Fundada oficialmente el 20 de octubre de 2006, la Biofábrica nació con el objetivo de transformar las chacras de pequeños productores mediante el uso de la agrobiotecnología, mejorando el rendimiento de cultivos tradicionales y diversificando la matriz productiva.
Los científicos locales adaptaron protocolos para dar respuestas directas en áreas como fruticultura, agroindustria, forestación y conservación, además de desarrollar productos para la agricultura sustentable como bioinsumos, biocontroladores y cannabis medicinal.
La Biofábrica Misiones no es solo un laboratorio: funciona como escuela y motor industrial, demostrando cómo la ciencia aplicada puede transformar la agricultura familiar y las economías regionales.
© Fotos: Marcos Otaño






