Cintia Romina Gruszewenczuk tiene 28 años y es docente de apoyo a la inclusión. La joven vive en General Alvear, una localidad ubicada a unos seis kilómetros de Oberá. Ella es la paisana argentina del Pabellón Argentino. Su papel consiste en ser anfitriona de las candidatas que compiten para ser la Reina Nacional del Inmigrante.

Su vínculo con el Centro Cultural Argentino comenzó hace tres años, cuando se sumó al ballet “Difundiendo lo Nuestro”. Siempre sintió una gran pasión por las tradiciones y la argentinidad, pero la distancia geográfica le generaba dudas para participar. Finalmente, decidió animarse y hoy forma parte activa de la institución. Junto a ella, otras dos paisanas representan a Misiones y a Oberá, completando una terna que considera igualmente importante.

“Ser paisana argentina, de verdad es un orgullo enorme”, afirmó Cintia en relación a su designación en diálogo con canal12misiones.com. La paisana explicó que este sentimiento surge porque representa a todas las mujeres del país, desde las que trabajan en oficinas hasta las que se levantan muy temprano para sostener a sus familias. Más allá de su rol como anfitriona, valora profundamente la oportunidad de portar la bandera y ser la imagen de su colectividad. Para ella, ser argentina y recibir a los visitantes es una experiencia que la llena de satisfacción.

La familia de Cintia tiene una historia de inmigración que marcó su vida. Su abuelo paterno, Alejandro, llegó desde Ucrania durante la guerra cuando era un niño de apenas ocho años. Él viajó con su padre y tres hermanos, dejando atrás todo lo que conocían. “Él siempre nos contó estas historias”, recordó Cintia y destacó cómo su abuelo y los primeros pobladores trabajaron para ayudar a construir éste país. Sus maletas, que aún se conservan en la casa familiar, son un testimonio tangible de aquel viaje sin retorno.

Los primeros inmigrantes, entre ellos su abuelo, se establecieron en una zona que entonces se conocía como El Naranjito, donde se dedicaron a las plantaciones de yerba, té y tung. Esta experiencia familiar le permitió a Cintia valorar el esfuerzo y el sacrificio de quienes llegaron sin saber qué les esperaba. “Ellos, como muchos inmigrantes, formaron gran parte de la Argentina que tenemos hoy en día”, sostuvo la paisana.
Su participación en el Centro Cultural le permitió conocer el trabajo que hay detrás de cada presentación. La comisión de la institución se encarga de remodelar trajes antiguos y preparar cada detalle para que las paisanas luzcan bien. “Hay un equipo trabajando detrás nuestro”, agradeció Cintia y reconoció el esfuerzo de los delegados y la comisión. Aunque el proceso de preparación implica un gran desgaste físico, la joven lo define como una experiencia única que se disfruta intensamente.

En relación a la Fiesta Nacional del Inmigrante, Cintia la definió con una palabra: unión. “Unión, amor, respeto, por sobre todo respeto”, explica, destacando que las reinas de las distintas colectividades se ayudan y comparten consejos permanentemente. Este año, al vivir la fiesta desde el rol de paisana, la experiencia es aún más movida y especial. La joven remarcó su agradecimiento por la confianza depositada en ella para representar el pabellón que oficia de anfitrión para las demás colectividades.

