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El huracán Polo alcanzó una intensidad histórica en México y lo vinculan al fenómeno El Niño

El fenómeno mostró una intensificación excepcional en apenas 24 horas y genera preocupación por lluvias, oleaje y posibles deslaves. Científicos vinculan el rápido fortalecimiento del ciclón con las aguas más cálidas asociadas a El Niño.

El Huracán Polo se vuelve “una de las tormentas más fuertes jamás registradas” impulsada por El Niño

La fuerza del huracán Polo encendió las alarmas en la costa del Pacífico mexicano. El ciclón se convirtió en uno de los huracanes más potentes registrados en la región en las últimas décadas y avanzó este miércoles frente al suroeste de México con vientos sostenidos de 255 km/h, mientras los pronósticos anticipaban que rozaría la costa como un fenómeno de categoría 5, el nivel más alto de la escala Saffir-Simpson.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) calificó al sistema como una tormenta “extremadamente peligrosa”. A primera hora del miércoles, el meteoro se ubicaba a unos 300 kilómetros al sur de Zihuatanejo y a 540 kilómetros al sureste de Manzanillo, desplazándose lentamente hacia el norte a 4 km/h.

Aunque la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó que los especialistas consideran poco probable un impacto directo en tierra, el tamaño y la intensidad del huracán mantienen en alerta a las autoridades. Los vientos con fuerza de huracán se extienden hasta 65 kilómetros desde su centro, mientras que los de tormenta tropical alcanzan los 169 kilómetros.

Además, se esperaban condiciones de tormenta tropical entre miércoles y jueves en los estados de Guerrero, Michoacán y Colima, una franja costera que ya sufrió el paso de fenómenos severos en los últimos años. La situación obligó a suspender clases en varias localidades, mientras la Marina mexicana cerró puertos en Guerrero y Michoacán y pidió a pescadores y residentes extremar las precauciones.

En las playas del Pacífico mexicano, el avance de Polo ya se hacía sentir. El fuerte oleaje vació balnearios y alteró la rutina de ciudades costeras acostumbradas a convivir con el mar.

En Lázaro Cárdenas, Michoacán, la comerciante Concepción López Villegas protegía su restaurante frente al océano ante el riesgo de daños por las olas. “Estamos preocupados y tratando de proteger nuestros negocios. Y, por supuesto, estamos tristes porque es nuestro patrimonio, nuestro legado, que de un momento a otro podría ser destruido”, expresó.

Lluvias, inundaciones y deslaves en el horizonte

Los meteorólogos advirtieron que las intensas precipitaciones podrían provocar inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra. Los pronósticos anticipan acumulados de entre ocho y quince centímetros de lluvia en Guerrero y Michoacán, además de registros menores en zonas costeras de Oaxaca, Colima y Jalisco.

En esa línea, la embajada de Estados Unidos en México recomendó evitar playas y actividades acuáticas. “Aunque la tormenta no toque tierra directamente, las lluvias intensas pueden producir inundaciones y deslaves que pongan en peligro la vida. Las condiciones peligrosas del océano pueden resultar en corrientes de resaca mortales y olas anómalas”, señaló en una alerta.

El Niño, detrás de una intensificación histórica

El propio NHC calificó de “verdaderamente notable” el proceso de intensificación registrado durante las últimas 24 horas. Para Philip Klotzbach, investigador de la Universidad Estatal de Colorado, el fenómeno encuentra explicación en El Niño, que elevó la temperatura de las aguas del Pacífico y generó condiciones ideales para potenciar ciclones tropicales. “Están todos los ingredientes que los huracanes necesitan para volverse realmente fuertes realmente rápido”, sostuvo el especialista.

La magnitud del sistema también llamó la atención de la comunidad científica. Kristen L. Corbosiero, profesora de la Universidad de Albany, afirmó que “esta es una de las tormentas más fuertes de la historia en la cuenca del Pacífico”.

Mientras Polo concentra la atención regional, el huracán Odalys se fortaleció hasta alcanzar la categoría 1 en aguas del Pacífico. Sin embargo, se encontraba a más de dos mil kilómetros de Baja California y, por el momento, no representa una amenaza para zonas habitadas. La evolución de ambos sistemas mantiene bajo vigilancia a los servicios meteorológicos en una temporada marcada por fenómenos extremos y por la influencia de El Niño sobre el océano Pacífico.

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