Con el atardecer del viernes 11 comenzó oficialmente Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío, una de las celebraciones más trascendentales del calendario hebreo que conmemora la creación del hombre. Durante este período, la comunidad inicia un proceso de diez días de introspección y balance personal que culmina en Yom Kippur, Día del Perdón.
“Es un momento de reflexión, de arrepentimiento y de pensar todo lo que hemos hecho en el año: qué quisiéramos mantener y qué quisiéramos cambiar“, explicó la Rabina Andrea Bronfman, en diálogo con canal12misiones.com.
Bronfman viajó desde Bahía Blanca a Posadas, invitada por la comunidad local para oficializar los servicios religiosos y desempeñarse como Jazanit (cantante litúrgica).
Según detalló la tradición enseña que en Rosh Hashaná Dios abre el “Libro de la Vida”, y depende de las acciones y el arrepentimiento de cada persona moldear su destino antes de que dicho libro sea sellado favorablemente en el Día del Perdón.
Celebración en comunidad y gastronomía ritual
Más allá de la reflexión individual, la festividad se vive colectivamente en el templo a través de los servicios religiosos, el sonido ceremonial del shofar (cuerno de carnero) y las tradicionales cenas familiares.
La gastronomía ocupa un rol simbólico fundamental en las mesas de Rosh Hashaná:
- Manzana con miel: Se consume para desear un año “bueno y dulce”.
- Pescado: Representa el deseo de “estar siempre a la cabeza y no a la cola”.
- Jalá redonda: El tradicional pan trenzado adopta una forma circular durante esta fecha para simbolizar el ciclo de la vida y la continuidad.
- Granada: Sus múltiples semillas representan el deseo de multiplicar las buenas acciones y bendiciones para el año que inicia.
Durante estas fechas, los saludos tradicionales marcan el espíritu de la festividad: “Shaná Tová Umetuká” (que tengas un año bueno y dulce) para el inicio del nuevo ciclo, y “Gmar Jatimá Tová” (que termines con una buena firma en el Libro de la Vida) de cara al Día del Perdón.

