La crecida del río Paraná podría marcar apenas el inicio de varios meses de inestabilidad hídrica. Mientras la represa de Yacyretá incrementó sus descargas ante el fuerte ingreso de agua desde Brasil, las proyecciones anticipan que el caudal alcanzaría los 33 mil metros cúbicos por segundo entre este miércoles 14 y jueves 15 de octubre, un escenario que podría repetirse durante noviembre, diciembre e incluso extenderse hasta marzo de 2027.
La advertencia fue realizada por el jefe técnico argentino del Departamento Técnico de la Entidad Binacional Yacyretá (Eby), Richard Pintar, quien vinculó la situación con lluvias extraordinarias registradas en las cuencas del Alto Paraná y del Iguazú, muy por encima de los pronósticos previstos.

Aunque el aumento del Paraná se observaba desde septiembre, las precipitaciones registradas en el sur de Brasil modificaron el escenario en pocos días. Según explicó Pintar, en algunos sectores las lluvias superaron hasta cinco veces los valores estimados inicialmente y dejaron acumulados que alcanzaron los 300 milímetros en la cuenca del río Iguazú.
“Las lluvias fueron muy intensas y estuvieron por encima de los pronósticos efectuados en la cuenca del Alto Paraná”, sostuvo el especialista al describir el fenómeno que impulsó el crecimiento del caudal que llega a Yacyretá.
A esa situación se suman los aportes provenientes de la represa de Itaipú, donde el agua liberada por ese complejo y por los afluentes del Paraná avanza rápidamente hacia Yacyretá.
La maquinaria de la represa frente a una crecida
Las impactantes imágenes de los vertederos descargando grandes volúmenes de agua despertaron consultas sobre el funcionamiento del complejo. “Yacyretá no cuenta con capacidad de almacenamiento para retener una crecida de estas características. Tiene una cota bien definida, una cota que hay que cuidarla”, señaló Pintar.
Actualmente, la central utiliza tres vías para evacuar el agua: las turbinas de generación eléctrica y dos vertederos. Uno de ellos ya se encontraba abierto desde septiembre debido al exceso hídrico acumulado, pero el ingreso de un volumen adicional obligó a habilitar el segundo sistema de descarga.
De acuerdo con el responsable técnico, las descargas representan alrededor del 33% de la capacidad nominal de diseño de la infraestructura.
Alertas y vigilancia en la ribera
Más allá de la operación de la represa, la preocupación se concentra aguas abajo, donde el aumento del Paraná impacta sobre zonas ribereñas y áreas vulnerables a inundaciones, especialmente en territorio correntino. En este contexto, la Eby emitió cuatro alertas desde septiembre destinadas a municipios, organismos de Defensa Civil y la Prefectura Naval Argentina, con el objetivo de anticipar medidas preventivas frente a la evolución del río.
“Tenemos mapas de las zonas inundables aguas abajo, de manera que los organismos oficiales que atienden estas emergencias puedan tomar las previsiones correspondientes”, indicó Pintar.

El ingeniero recordó además que las crecidas forman parte de la dinámica histórica del Paraná, aunque reconoció que las evacuaciones preventivas no siempre resultan sencillas porque, según expresó, “la gente a veces se resiste a dejar sus bienes y sus lugares”.
El impacto del fenómeno El Niño
La preocupación de los especialistas no se limita a la crecida actual. Los pronósticos internacionales asociados a un posible evento fuerte de El Niño mantienen encendidas las alertas para los próximos meses. “Esperamos que en noviembre y diciembre también tengamos eventos similares y que estas condiciones puedan extenderse incluso hasta marzo del año que viene”, afirmó Pintar. En la misma línea, advirtió que “todavía tenemos unos cinco o seis meses de incertidumbre al respecto”.
El antecedente más cercano ocurrió en 2023, cuando el Paraná registró una crecida comparable. Sin embargo, los máximos históricos monitoreados por Yacyretá alcanzaron los 37 mil metros cúbicos por segundo, por encima de los valores proyectados para esta semana.
Mientras tanto, la atención sigue puesta en la evolución de las lluvias en Brasil, los aportes que llegan desde las cuencas superiores y la coordinación entre Yacyretá e Itaipú para administrar el caudal. El comportamiento de esas variables definirá si la actual crecida representa un episodio aislado o el comienzo de una etapa de varios meses marcada por nuevos pulsos de agua sobre el Paraná.

