El Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (MACN) fue escenario del cierre de la histórica expedición científica argentina en el cañón submarino Mar del Plata. Once integrantes del equipo principal ofrecieron este lunes una conferencia de prensa donde presentaron resultados, evaluaron el impacto del proyecto y respondieron preguntas sobre los próximos pasos.
El equipo estuvo integrado por especialistas del MACN y por investigadores del Centro Nacional Patagónico (CENPAT), el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad de Córdoba. Luis Cappozzo, director del museo, abrió el encuentro y destacó el valor del trabajo colectivo liderado por el doctor Daniel Lauretta, jefe científico de la misión.
Durante tres semanas, la expedición captó la atención de casi 18 millones de personas en transmisiones en vivo y permitió identificar más de 40 especies nuevas en los fondos oceánicos argentinos. Esa combinación de ciencia de vanguardia y difusión masiva marcó un hito para la investigación marina del país.

El impacto científico y tecnológico
El doctor Lauretta afirmó que la misión “fue un éxito desde el punto de vista científico”, porque “abrió las puertas para investigar de forma más profunda un área del Atlántico sur casi desconocida”. La utilización del vehículo operado remotamente (ROV) SuBastian, del Schmidt Ocean Institute, resultó determinante. Este robot submarino registró imágenes en ultra alta definición a casi 4.000 metros de profundidad y recolectó muestras sin dañar el entorno.
El convenio con el Schmidt Ocean Institute representó una oportunidad única. El instituto seleccionó la propuesta argentina en un proceso altamente competitivo. Lauretta explicó que “el tiempo en este tipo de barco es sumamente costoso”, lo que realzó la relevancia de haber conseguido ese respaldo.
La posibilidad de observar en directo el fondo marino marcó una diferencia sustancial respecto de campañas previas. “La calidad de las imágenes captadas por el ROV SuBastian fue excepcional y nos ayudó a comprender mejor la complejidad de este hábitat y la extraordinaria biodiversidad que alberga”, subrayó Lauretta.

Resultados preliminares y hallazgos inesperados
Las transmisiones superaron los 500.000 espectadores promedio por inmersión, una cifra inédita frente a los 4.000 habituales en otras expediciones similares en el mundo. Ese interés acompañó descubrimientos de gran valor científico. El equipo identificó corales, caracoles, erizos, anémonas y gusanos planos, además de arrecifes a más de 1.000 metros y campos de corales blandos nunca antes descritos en la zona.
“La esponja carnívora, que parecía una lámpara de xenón” y un pulpo telescopio observado a casi 900 metros figuraron entre las especies que más llamaron la atención, según relató Lauretta. También se documentaron organismos que hasta ahora solo se conocían por redes de arrastre.
Las muestras ya fueron trasladadas al MACN-CONICET. Allí comenzó el proceso de clasificación. “Estamos reconociendo las especies nuevas y describiendo lo que vimos, revisando géneros, familias y literatura para hacer comparaciones”, explicó Lauretta. El análisis demandará meses o años, y en algunos casos obligará a viajar para cotejar ejemplares de referencia. “Eso puede llevar hasta una década de trabajo”, aclaró el investigador.

Una misión que inspiró a nuevas generaciones
El impacto de la expedición trascendió el ámbito científico. Tres cuartas partes de quienes siguieron el streaming fueron argentinos. Niños y adolescentes enviaron dibujos, mensajes y videos al equipo, muchos de los cuales llegaron al museo del Parque Centenario.
“Recibimos un montón de dibujos de niños y niñas sobre la fauna de aguas profundas, sobre el ROV, sobre la gente trabajando. Nos emocionó ver el grado de entusiasmo que despertamos”, recordó Lauretta.
Martín Brogger, integrante del equipo, resaltó que muchos estudiantes manifestaron su deseo de convertirse en biólogos marinos. “Ese efecto va mucho más allá de la ciencia y crea sentido de asombro y curiosidad que puede durar toda la vida”, explicó.
La construcción de un equipo federal
Más de 30 especialistas del CONICET y de diferentes institutos y universidades integraron la misión. Cappozzo subrayó que el armado del grupo permitió reunir “cuatro generaciones de científicos para estudiar el océano profundo en nuestro mar argentino”.
La operación contó además con la colaboración de Cancillería, la Secretaría de Ambiente y la Fundación ASARA. Lauretta destacó que “todos los que colaboraron en la logística, el financiamiento y la gestión institucional jugaron un rol esencial para hacer posible esta misión”.
Próximas líneas de investigación
El análisis de la biodiversidad no es el único objetivo. El equipo también estudia la presencia de microplásticos y carbono azul en el agua y los sedimentos. Valeria Teso confirmó que ya detectaron microplásticos en organismos recolectados. Según explicó, la comparación con campañas de 2012 y 2013 permitirá medir densidad y tipo de contaminantes.
Sobre este punto, Teso señaló que los resultados preliminares podrían conocerse recién en 2026, ya que los estudios son complejos y requieren financiamiento sostenido.
Lauretta, consultado por el criterio de selección de investigaciones, respondió: “La decisión sobre qué investigar parte, en primer lugar, de la relevancia científica y del potencial de impacto que puede tener el trabajo”. Explicó que los datos recolectados permiten determinar qué ambientes cumplen criterios internacionales de ecosistemas marinos vulnerables, lo que posibilita fundamentar áreas protegidas y aportar insumos para estudios de impacto ambiental.
El cañón Mar del Plata como escenario
El equipo eligió el cañón Mar del Plata por su complejidad estructural y su potencial de biodiversidad. “Se sabe que los cañones submarinos son zonas de alta biodiversidad y muy heterogéneas. Resulta estratégico ir a los lugares donde se espera la mayor diversidad posible”, indicó Lauretta.
Expediciones previas en 2012 y 2013 ya habían ofrecido los primeros datos y permitieron crear el Grupo de Estudio del Mar Profundo Argentino. Esa experiencia antecedió a la misión actual, que sumó tecnología avanzada y criterios estratégicos para maximizar los resultados.
Un futuro de investigación y conservación
Lauretta reflexionó que “campañas como la que acabamos de terminar son fundamentales, porque esas zonas no son posibles de visualizar desde el aire con imágenes satelitales o drones”. El uso de barcos y del ROV fue indispensable para registrar fauna viva en su entorno natural.
El científico concluyó con una mirada de largo plazo: “Tenemos un plan a futuro para seguir estudiando los cañones, que son muy buenos lugares para evaluar la biodiversidad en general. Cuanto más sepamos sobre ellos, vamos a poder tener un conocimiento global de la fauna en aguas profundas para tomar decisiones sobre las actividades humanas que se puedan realizar en esas zonas a futuro. Y lo más probable, también, es que cuanto más investiguemos más especies nuevas vamos a hallar”.

