La causa que investiga el asesinato del remisero Martín Sebastián Palacio y su vínculo con el doble femicidio de Córdoba sumó en las últimas horas un testimonio clave. Un playero de una estación de servicio en San Salvador, Entre Ríos, aseguró haber atendido a Pablo Laurta, principal sospechoso de ambos crímenes, justo después de que el chofer desapareciera.
El trabajador relató que Laurta llegó solo, manejando el vehículo de Palacio, y pidió cargar nafta súper por 23 mil pesos. “Era un hombre robusto, con una bandolera sobre el hombro. No tenía actitud violenta, pero sí un poco de apuro”, contó en diálogo con Megafax TV Digital San Salvador. Aunque no notó manchas ni signos de pelea, sí advirtió un cierto nerviosismo en el conductor.
El trayecto de Pablo Laurta luego de cometer los asesinatos
El episodio ocurrió en la madrugada del 8 de octubre, pocas horas después de la desaparición del remisero. Las cámaras de seguridad del lugar confirmaron que en el automóvil viajaba una sola persona, lo que refuerza la hipótesis de que Laurta ya había cometido el crimen. Ese registro y el testimonio del playero fueron incorporados a la investigación que lidera la fiscal Daniela Montangie.
El hallazgo posterior de un cuerpo mutilado en Puerto Yeruá, a diez kilómetros de la estación de servicio, dio nuevo impulso a la causa. Las autoridades aseguraron que el cadáver corresponde “en un 99%” al del chofer desaparecido. El descubrimiento se produjo luego de que un integrante de las brigadas detectara un olor nauseabundo en una banquina.
La secuencia se conecta con el doble femicidio de Luna Giardino y su madre, Mariel Zamudio, cometido días después en Córdoba. El vehículo de Palacio apareció incendiado en esa provincia, lo que permitió unir ambos hechos. Finalmente, Laurta fue detenido el 12 de octubre cuando intentaba cruzar a Uruguay con su hijo de cinco años, cargando objetos que pertenecían al remisero asesinado.
La reconstrucción del recorrido de Laurta y el relato del testigo aportan piezas fundamentales para entender cómo actuó el presunto femicida, cuyo rastro dejó una estela de violencia y horror entre Entre Ríos, Córdoba y la frontera con Uruguay.

