El pediatra y neonatólogo Medardo Ávila Vázquez, profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba, advirtió sobre las consecuencias de la exposición a los agrotóxicos en la Argentina. En diálogo con este medio, explicó qué enfermedades generan, quiénes son los más afectados, dónde se registran los mayores impactos, cuándo se intensifica el riesgo y por qué resulta urgente avanzar hacia un modelo de producción agroecológica.
El especialista describió que las familias que viven en pueblos rodeados por cultivos de soja y maíz, así como los campesinos que trabajan con minifundios, están en contacto permanente con estas sustancias. Muchas veces conviven con bidones en sus casas y aplican herbicidas como glifosato o insecticidas como clorpirifos cerca de sus hijos. “Esta exposición genera una serie de enfermedades vinculadas a los efectos genotóxicos de los agrotóxicos”, aseguró.

Uno de los primeros impactos se observa en la salud reproductiva. Ávila Vázquez explicó que en estas comunidades los abortos espontáneos superan el 10% de los embarazos, cuando lo esperable es un 3%. Además, advirtió que los niños nacen con mayor frecuencia con malformaciones congénitas y síndromes como el de Down. “Normalmente dos de cada cien nacimientos presentan anomalías, pero en estas poblaciones el porcentaje trepa hasta el 6 o 7%. Es decir, se triplica la cantidad de niños que nacen con problemas”, remarcó.
La exposición a los agroquímicos y los diferentes tipos de cáncer
El investigador destacó también la incidencia del cáncer. Señaló que no se trata de un solo tipo, sino de todos en general, y que aparecen en personas cada vez más jóvenes. “Hemos visto cáncer de próstata en hombres de 30 años y varios casos de cáncer de mama en varones. La incidencia normal es de dos casos cada mil personas por año, pero en los pueblos fumigados llega al 6 o 7 por mil”, puntualizó. Según sus estudios, en algunas localidades el 50% de las muertes se deben al cáncer, cuando la media nacional ronda el 20%.
Para el especialista, el sistema agrícola vigente funciona como una “adicción a los agrotóxicos”. Explicó que las dosis deben aumentar cada año porque las malezas desarrollan resistencia. “La industria química tiene atrapados a 200 mil productores en una dependencia que genera enormes ganancias a multinacionales poderosas”, señaló.

El pediatra recordó que este modelo se sostiene porque resulta más simple para los agricultores, que siguen instrucciones técnicas y aplican productos químicos en cada etapa del cultivo. Sin embargo, advirtió que esta facilidad tiene un costo altísimo: la contaminación de alimentos y la afectación directa de la salud de las comunidades.
El rol fundamental de la producción agroecológica
Como alternativa, remarcó la importancia de avanzar hacia sistemas agroecológicos que trabajen con la naturaleza en lugar de combatirla. “Si cuidamos la tierra, si está llena de nutrientes y microorganismos, las plantas serán más fuertes y podrán resistir plagas. Esa es la diferencia entre producir con la naturaleza o contra ella”, explicó.
En ese marco, resaltó el valor de la producción orgánica en Misiones, con experiencias concretas en la yerba mate sin agrotóxicos. “Misiones produce mucha yerba orgánica, rica, segura y sin venenos. Creo que hay que proteger y facilitar su comercialización, porque son alimentos sanos que garantizan seguridad para las familias”, destacó.
Ávila Vázquez subrayó que el cambio de paradigma requiere voluntad política, regulación estatal y presión social. “El Estado no puede permitir que los alimentos se produzcan contaminando. Debe establecer límites, promover la transición hacia lo orgánico y proteger el derecho a la salud”, precisó.
Foto de portada por Marcos Otaño

