Un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), de la Fundación Mediterránea, analizó los posibles efectos de la llegada de El Niño sobre la producción agropecuaria del NEA, Paraguay y el sur de Brasil. El fenómeno podría favorecer a algunos cultivos estivales, aunque también generar riesgos por lluvias intensas, heladas tardías y dificultades operativas.
De acuerdo con el trabajo elaborado por los investigadores Gerardo Alonso Schwarz, Juan Cuevas y Nayla Cabal, hay dos fenómenos que requieren especial atención durante los próximos meses: las heladas tardías y las precipitaciones abundantes.
El informe señala que históricamente El Niño tiende a favorecer a los cultivos de verano, como la soja, el maíz y el arroz. En cambio, puede perjudicar a los cultivos de invierno, como el trigo. En el caso de las producciones perennes, entre ellas la yerba mate, el té y los cítricos, el impacto resulta más complejo y depende principalmente de la intensidad y la distribución de las lluvias.
Lluvias intensas y heladas tardías
Según el Ieral, la región conformada por el NEA, Paraguay y el sur de Brasil podría registrar tormentas y lluvias intensas durante septiembre, octubre y noviembre.
Por ese motivo, el informe recomienda prestar atención a los pronósticos y a los sistemas de alerta temprana. El Servicio Meteorológico Nacional, además, advierte que pueden registrarse eventos de mayor intensidad que los habituales.
A esto se suma un escenario particular generado por las temperaturas registradas durante el invierno. El informe describe como inusual el invierno caluroso y señala que este comportamiento anticipó el brote de algunas plantaciones.
Ese adelanto dejó a determinados cultivos expuestos a posteriores descensos de temperatura. En ese contexto, las heladas tardías pueden favorecer además la aparición o el impacto de determinadas plagas.
Qué puede ocurrir según el cultivo
El impacto no será igual para todas las producciones. En los cultivos de verano, las lluvias intensas podrían generar retrasos en la siembra y dificultades para preparar los suelos. En cambio, las heladas tardías tendrían, según el análisis, un impacto poco significativo sobre este tipo de plantaciones.
Los cultivos de invierno aparecen como los más expuestos a ambos fenómenos. Las precipitaciones abundantes podrían generar dificultades operativas, mientras que las condiciones de humedad también pueden favorecer la aparición de plagas y enfermedades, entre ellas aquellas provocadas por hongos.
En el caso de los cultivos perennes característicos de la región, el riesgo se divide entre aspectos productivos y operativos.
Por un lado, las lluvias intensas podrían provocar inundaciones o anegamientos en caminos rurales. Esto dificultaría el tránsito de camiones y el ingreso de maquinaria a las zonas productivas.
Por otro, las heladas tardías podrían generar un riesgo directo sobre la producción. De acuerdo con el informe, la afectación por plagas podría comprometer hasta un 30% de la brotación.
La distribución de las lluvias, un factor clave
El análisis plantea que, a nivel nacional, las proyecciones vinculadas con El Niño inclinan las probabilidades hacia una mejora en los rendimientos de los cultivos estivales.
Sin embargo, el escenario para el NEA y las regiones limítrofes presenta particularidades. La concentración de abundantes precipitaciones entre septiembre y noviembre podría favorecer a la soja, el maíz y el arroz, pero también generar retrasos en la siembra, dificultades para circular por los caminos rurales y riesgos sanitarios.
Por eso, el informe sostiene que la posibilidad de obtener mejores márgenes productivos dependerá, en buena medida, de cómo se distribuyan las lluvias y de la capacidad de la infraestructura vial, especialmente de los caminos secundarios y terciarios.
En este punto, el comportamiento climático no será el único factor determinante. La capacidad de respuesta y prevención también tendrá incidencia sobre el resultado final de las campañas.
Mantenimiento de cauces y caminos rurales
Como parte de sus conclusiones, los investigadores remarcaron la importancia de las tareas de prevención frente al escenario climático previsto.
Para el sector público, plantearon como desafío mantener en condiciones los cauces de arroyos y ríos para facilitar el escurrimiento del agua y evitar su acumulación. A esto sumaron la necesidad de sostener el mantenimiento de los caminos rurales.
Para el sector privado, en tanto, señalaron como prioridad reforzar las prácticas destinadas a reducir el impacto de las enfermedades y plagas asociadas a las condiciones climáticas.
De esta manera, El Niño presenta un escenario con oportunidades y riesgos diferentes según cada producción. Mientras las lluvias pueden favorecer el rendimiento de determinados cultivos estivales, su intensidad y distribución serán determinantes para evitar que el exceso de agua, las dificultades de circulación y las heladas tardías terminen afectando la producción regional.

