En los últimos meses, la construcción sufrió una contracción marcada en su nivel de actividad, con retrocesos mensuales superiores al 4 por ciento, entre los más graves del último año. La paralización de obras, el freno a la inversión y la reducción del gasto reflejan el impacto directo de la crisis económica sobre uno de los sectores más dinámicos en generación de empleo.
En paralelo, los registros laborales muestran una variación interanual positiva: más de 390 mil trabajadores formales permanecen activos en el sector. Sin embargo, esta recuperación parcial no alcanza para disipar la incertidumbre. La dualidad entre actividad en baja y empleo que se sostiene expone un escenario frágil, donde la continuidad de los puestos y las condiciones salariales se ven amenazadas por la inflación.

Desde el ámbito sindical advierten que el repunte en el empleo es insuficiente y vulnerable si no se reactiva la actividad de manera sostenida. Además, remarcan que la permanencia de los puestos de trabajo no garantiza mejoras en el poder adquisitivo, debido a que los salarios siguen perdiendo frente al aumento del costo de vida, y el mercado laboral se mantiene pero profundizando la fragilidad del trabajo registrado y precarizando aún más las condiciones.
Un panorama incierto
La falta de definiciones en políticas productivas y salariales profundiza la incertidumbre, aseguran desde Mundo Gremial. Aunque algunos indicadores laborales muestran señales positivas, la caída de la actividad y la ausencia de previsibilidad se consolidan como factores determinantes que ponen en riesgo la estabilidad laboral. El sector exige medidas urgentes que protejan tanto el empleo como los ingresos, en un contexto de crisis que amenaza con prolongarse.

