El sector de la construcción enfrenta su peor retroceso en años. Entre noviembre de 2023 y julio de 2025, se extinguieron 60.462 empleos formales, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). La parálisis de la obra pública y la falta de inversión estatal profundizan una crisis que golpea al trabajo, al consumo y a la recaudación de las economías regionales.
Una caída que no encuentra piso
La retracción equivale a una baja del 13,7% del empleo registrado, aunque el IERIC (Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción) estima que la cifra real supera los 120.000 puestos si se suman contratistas y obreros eventuales.
Los indicadores sectoriales confirman el deterioro. El Índice Construya, el consumo de cemento y el ISAC permanecen por debajo de los niveles previos a la crisis. Desde el IERIC detallaron que en septiembre la cantidad de empleadores cayó 10,6% interanual, el registro más bajo de las últimas dos décadas, con excepción de 2020.

“La construcción arrastra a toda la cadena productiva: transporte, materiales, gastronomía, comercio. Su caída repercute directamente en el bolsillo de las familias”, advirtió un informe del instituto.
Olavarría, una muestra del impacto regional
En la ciudad bonaerense de Olavarría, la situación refleja el escenario nacional. Desde fines de 2023 se perdieron 1.500 puestos vinculados a la actividad. “Muchas empresas pasaron empleados a monotributo para sostenerlos, con la promesa de recontratarlos cuando repunte la demanda”, explicó Bernardo Baldino, referente local del sector.

El dirigente advirtió que la contracción deja consecuencias visibles: “Son cerca de $2.000 millones menos circulando en la economía local. Esa caída se nota en restaurantes vacíos, menos consumo y menos movimiento en los comercios”.
Por su parte, el titular de la Cámara de la Piedra, Gustavo Núñez, reveló que las canteras trabajan al 25% de su capacidad. “En 2017 producíamos 2,1 millones de toneladas mensuales; hoy apenas llegamos a 400.000. Además, perdemos personal experimentado, algo que no se recupera fácilmente”, remarcó.
Expectativas moderadas y riesgo de estancamiento
Con la obra pública prácticamente detenida, el Gobierno apuesta a la privatización de rutas y autopistas en varias provincias —Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos— como vía de reactivación parcial. Sin embargo, el sector observa con cautela.
El Presupuesto 2026 asigna $659.878 billones a Vialidad Nacional, aunque la cifra implica una caída real del 10,6% al descontar la inflación, según la consultora Analytica.

“Lo decisivo no es lo que se presupuesta, sino lo que efectivamente se ejecuta. Muchas veces los montos quedan sin usar”, sostuvo Gustavo Weiss, presidente de CAMARCO, quien enfatizó: “No hay desarrollo sin infraestructura”.
El economista Claudio Caprarullo coincidió en el diagnóstico: “La construcción tiene uno de los mayores efectos multiplicadores sobre el empleo y la demanda. Si no se la impulsa, la economía seguirá frenada”.
Una crisis que atraviesa todos los niveles
En palabras de un empresario del interior: “Hoy la crisis no se mide solo en ladrillos o cemento, sino en familias sin ingresos y pueblos que se apagan temprano”.
El derrumbe del sector ya trasciende las cifras. La reducción de obras afecta la capacitación técnica, el movimiento logístico y la dinámica comercial en ciudades intermedias. A medida que se dilata la reactivación, la incertidumbre crece entre empresarios y trabajadores.

