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Written by 4:42 pm Economía

“El problema es el modelo impositivo”: la respuesta de un comerciante textil misionero a Caputo

La alta carga tributaria y los costos logísticos representan actualmente el mayor obstáculo para la competitividad de las fábricas nacionales. Referentes locales del sector advierten que, sin una reforma profunda, el ingreso de productos importados pone en riesgo la continuidad de la industria local.

En medio de la apertura de importaciones y de una profunda crisis que atraviesa la industria textil argentina, las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, generaron un fuerte rechazo en el sector. Desde Misiones, el comerciante Alexis Jerushalmi, titular del local de indumentaria Nobleza, cuestionó el enfoque del discurso oficial y aseguró que el eje del problema no está en el producto ni en la industria, sino en el esquema impositivo que condiciona la competitividad.

Jerushalmi sostuvo que las afirmaciones del ministro ponen el foco únicamente en las consecuencias y no en las causas estructurales: “Por ahí debería enfocarse también en cuáles son las causas, de por qué él no compra la ropa acá”. Según explicó, cuando la comparación de precios favorece sistemáticamente al exterior, queda en evidencia que el inconveniente no es la industria nacional en sí, sino el peso del modelo impositivo vigente.

El comerciante remarcó que el consumo de productos importados no responde a una preferencia cultural, sino a una realidad económica: “Estoy convencido de que la gente no compra lo importado porque ama lo importado, compra lo importado porque es más barato”. En esa línea, señaló que el sector no puede competir en precios porque la carga tributaria termina desdibujando cualquier esfuerzo productivo o comercial, desplazando el problema hacia el Estado y no hacia los actores del mercado.

Alexis Jerushalmi, comerciante textil.

La industria textil nacional se encuentra al borde del barranco

Para Jerushalmi, el debate debería orientarse a generar condiciones para que exista una verdadera competencia, sin buscar culpables. Planteó que la discusión tiene que darse puertas adentro y con soluciones concretas, aprovechando las capacidades locales, en lugar de mirar permanentemente lo que ocurre afuera. Desde su experiencia diaria en el comercio, explicó que hoy el sector se ve obligado a competir con los impuestos.

En ese marco, subrayó que la responsabilidad no puede recaer sobre los consumidores. La gente compra lo que puede, como puede, cuando puede”, afirmó, y agregó que las realidades económicas son diversas: algunos pueden elegir calidad, otros deben optar por alternativas más accesibles. Para el comerciante, lo central es que exista la posibilidad de elegir, que el mercado ofrezca alternativas reales y que la industria nacional no quede asfixiada por un esquema de costos que la vuelve inviable.

Sin embargo, desde la industria remarcan que los precios finales no responden a una supuesta ineficiencia productiva, sino a una estructura de costos elevada. Según datos del sector, cerca del 50% del valor de una prenda corresponde a impuestos nacionales, mientras que alquileres, costos financieros, logística y marketing explican gran parte del resto. En paralelo, la actividad atraviesa una fuerte caída, con cierres de plantas, despidos y una utilización de la capacidad instalada en mínimos históricos.

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