La recesión económica nacional modificó los hábitos de consumo y obligó a las familias a ajustar sus compras. En los comercios de Posadas, los consumidores buscan precios, promociones y descuentos, reducen las cantidades y priorizan los productos considerados esenciales para el día a día.
El cambio se observa tanto en las verdulerías y fruterías como en los supermercados. Sebastián Henkes, encargado de Fruta Exprés, explicó que la caída del consumo también alcanzó a los comercios gastronómicos, mientras que Lucas Kerps, empresario supermercadista, señaló que actualmente predominan las compras pequeñas y frecuentes.
“De 100 pedidos que salían, ahora es menos de la mitad”, graficó Henkes al referirse al movimiento de los locales gastronómicos que abastece el comercio. Según explicó, muchos establecimientos redujeron su actividad o directamente cerraron, lo que impactó de manera directa en la demanda de frutas y verduras.
En las compras familiares también se modificaron las cantidades. Antes era habitual adquirir una bolsa o media bolsa de determinados productos. Ahora, en cambio, muchos clientes llevan apenas uno o dos kilos. “Llevan los justos y necesarios hoy en día”, resumió el comerciante.
El bolsillo define qué llevar
La diferencia también se refleja en el gasto total. Henkes estimó que un cliente que anteriormente podía gastar alrededor de $50.000 en una compra, actualmente desembolsa entre $20.000 y $25.000. La prioridad pasó a estar en productos básicos como papa y cebolla, mientras que algunas frutas dejaron de tener el mismo nivel de demanda.
“Antes la gente te llevaba fruta, los productos de Brasil, que son un poco más caros. Se daba el gusto. Hoy en día está lo principal: la papa, la cebolla, lo que es para comer día a día”, explicó.
La situación también obliga a los comercios a reforzar estrategias para sostener las ventas. En Fruta Exprés mantienen descuentos durante distintos días de la semana y suman promociones vinculadas con medios de pago. La lógica, explicó Henkes, es ofrecer alternativas para que el cliente pueda cuidar el bolsillo sin resignar completamente sus compras.
En paralelo, el supermercadismo registra un comportamiento similar. Kerps sostuvo que actualmente se observan muchas “compras muy chicas” y clientes que regresan varias veces durante la semana. Para el empresario, esto evidencia que el consumidor realiza adquisiciones puntuales y analiza con mayor atención dónde y qué comprar.
“Busca precios, busca promociones, está atento a las redes, hace la tarea”, describió Kerps. El objetivo es estirar el presupuesto y llegar a fin de mes con mayor margen.
Menos carne vacuna y más alternativas
Otro de los cambios aparece en la elección de los alimentos. Según Kerps, aumentó de manera significativa la demanda de pollo y cerdo, mientras que cayó el consumo de carne vacuna.
La búsqueda también alcanza a las marcas. El consumidor comenzó a prestar más atención a las segundas marcas y a comparar la relación entre precio y calidad antes de decidir. De esta manera, el precio dejó de ser el único factor y pasó a combinarse con promociones, formas de pago, variedad y calidad.
El empresario definió al consumidor actual como “exigente” y explicó que esa exigencia obliga a los comercios a mantenerse atentos a las nuevas demandas.
En ese escenario, la constante es un consumidor que compra de manera más racional. Reduce cantidades, compara precios, aprovecha promociones, cambia marcas y reemplaza productos cuando el presupuesto no alcanza. La recesión, así, no solo redujo el nivel de consumo, sino que también modificó la forma en que las familias deciden qué llevar cada vez que hacen las compras.
Fotografía destacada: ©Marcos Otaño.

