Ceuta volvió a amanecer bajo tensión. Miles de migrantes abandonaron los asentamientos improvisados de las playas de Benítez y el Trampolín y corrieron hacia el puerto al advertir el comienzo del traslado al nuevo campamento. Parte del grupo intentó sobrepasar el cordón policial para asegurarse un lugar, lo que provocó avalanchas, forcejeos y el despliegue de unidades antidisturbios.
El dispositivo solamente cuenta con unas 1.800 plazas de alojamiento temporal, distribuidas en carpas e instalaciones provisionales dentro del recinto portuario, mientras más de 4.000 personas permanecen en esas dos playas. Más de 150 agentes participaron del operativo y formaron barreras para contener el avance antes de comenzar a regular los ingresos, según informó Euro News.
El dispositivo arrancó en la madrugada del viernes, con el despliegue de varias patrullas de la Guardia Civil en la playa del Trampolín para agrupar a los migrantes y conducirlos, a pie, hasta el nuevo espacio de acogida habilitado en el puerto, a unos dos kilómetros de distancia.
Cuando los primeros grupos han llegado a la zona de la playa de Benítez, donde se encuentra otro de los asentamientos, se fueron sumando las personas que allí permanecían, lo que elevó el número de migrantes que avanzó hacia el recinto portuario.
Como consecuencia, a pocos metros de esa playa se vivieron momentos de fuerte tensión por el tumulto, con parte de la multitud saliendo a correr y la Policía Nacional teniendo que reforzar el control de la marcha. En ese contexto, agentes llegaron a efectuar disparos al aire ante la dificultad para contener a la gente.
Los hechos de violencia que elevan la tensión en las calles de Ceuta
El intento de atravesar el cordón policial no constituye el primer episodio de tensión desde la entrada masiva de finales de julio. La convivencia se ha deteriorado al mismo tiempo que aumentaron los asentamientos improvisados y se prolongó la falta de una respuesta definitiva. En ese contexto se produjeron varias agresiones contra los efectivos desplegados, según la información oficial.
El caso más grave ocurrió el 27 de agosto en Benzú. Un grupo de entre 30 y 40 personas rodeó un vehículo del Ejército y comenzó a arrojarle piedras de gran tamaño. Cuatro militares resultaron heridos y tuvieron que abandonar el transporte y escapar a pie mientras continuaban siendo perseguidos. La intervención posterior de la Policía Nacional y la Guardia Civil terminó con doce ciudadanos marroquíes detenidos.

Diez días más tarde se registró otro apedreamiento cerca de la playa del Trampolín. La Guardia Civil identificó a 21 migrantes marroquíes por lanzar objetos contra una patrulla militar y los agentes que acudieron en su apoyo. En esa ocasión no hubo heridos ni daños materiales y los implicados regresaron voluntariamente a Marruecos. La sucesión continuó esta semana: tres personas, entre ellas un menor, fueron detenidas después de que un grupo amenazara a militares en la zona del Recinto.
La presión también creció del otro lado. La misma noche del ataque de Benzú, las fuerzas de seguridad tuvieron que impedir que un grupo de ceutíes avanzara hacia las playas para enfrentarse con los migrantes y destruir sus refugios. Días después, miles de personas se manifestaron contra la gestión del Gobierno y exigieron expulsiones, mientras que otras convocatorias denunciaron los ataques racistas y pidieron proteger a quienes permanecen en condiciones precarias.

