El Senado de Brasil aprobó una reforma constitucional que elimina el régimen laboral de seis días de trabajo por uno de descanso, conocido como escala 6×1. La iniciativa establece una reducción progresiva de la jornada máxima semanal de 44 a 40 horas, con dos días de descanso remunerado y sin recorte salarial. La votación se produjo a 11 días del balotaje presidencial y se convirtió en una victoria política para Luiz Inácio Lula da Silva.
El proyecto recibió 75 votos favorables y uno en contra, correspondiente a Hamilton Mourão, exvicepresidente de Jair Bolsonaro. Después de obtener el respaldo de Diputados y del Senado, la reforma quedó a la espera de su promulgación por parte del Congreso, prevista para la semana siguiente. La modificación alcanzará, según el Ministerio de Trabajo, a unos 14,8 millones de trabajadores, extendido principalmente en el comercio, los servicios y el transporte.

La implementación será gradual. Sesenta días después de la publicación de la enmienda, el límite semanal bajará de 44 a 42 horas; doce meses más tarde llegará a 40 horas, con dos días de descanso remunerado, preferentemente uno de ellos el domingo. Será la primera reducción del máximo constitucional de horas de trabajo desde 1988, cuando Brasil pasó de una jornada semanal de 48 a 44 horas.
Una reforma convertida en bandera electoral
Lula busca presentar la eliminación de la escala 6×1 como una conquista para los trabajadores y uno de los principales resultados de su propuesta de gobierno. Sin embargo, la disputa por el reconocimiento político también se trasladó al Congreso. La senadora Damares Alves, del Partido Liberal, reivindicó el papel de los legisladores al afirmar que era el Congreso Nacional el que entregaba el beneficio a Brasil y cuestionó que el presidente se apropiara del resultado.
Flávio Bolsonaro, candidato opositor e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, también modificó su postura frente a la iniciativa. Durante la campaña había calificado el proyecto de “oportunista” y defendido una alternativa basada en acuerdos directos entre empleados y empleadores, incluso con la posibilidad de reducir salarios. Pero, ante el respaldo popular a la medida, anunció que votaría a favor porque la mayoría de los trabajadores brasileños quería terminar con la escala 6×1.

El senador participó de manera remota en la votación mientras desarrollaba actividades proselitistas en Porto Alegre. Aunque algunos legisladores intentaron postergar el debate hasta después del balotaje, el Partido Liberal terminó acompañando la reforma. Una encuesta de Datafolha citada en la información difundida registró un 71% de apoyo popular a la eliminación del régimen de seis días de trabajo por uno de descanso.
El costo para las empresas y el origen de la iniciativa
Las organizaciones empresariales advirtieron sobre las consecuencias económicas de reducir la jornada sin modificar los salarios. La Confederación Nacional de la Industria estimó que los costos de la masa salarial podrían aumentar hasta un 7%, según la necesidad de pagar horas extras o contratar personal adicional.
También proyectó una posible caída del 0,7% del producto bruto interno y un incremento promedio del 6,2% en los precios, con efectos más marcados en la construcción y en las micro y pequeñas empresas. Esas cifras corresponden a proyecciones de la entidad, no a resultados ya registrados.
Durante el debate, el senador opositor Jorge Seif sostuvo que Flávio Bolsonaro buscaría compensar los mayores costos mediante una reducción de las cargas patronales si llegara a la presidencia. La propuesta generó silbidos entre los legisladores oficialistas y reflejó las diferencias sobre cómo aplicar la reforma sin trasladar sus costos a las empresas.
El impulso inicial no surgió del Gobierno, sino del movimiento Vida Além do Trabalho (VAT), creado en 2024 por Rick Azevedo. La organización convirtió la eliminación de la escala 6×1 en una campaña en redes sociales, que luego fue adoptada por centrales sindicales y por Lula. El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, prevé convocar una sesión solemne para promulgar la enmienda la próxima semana, antes de la segunda vuelta del 25 de octubre.

