Pese a tener los índices de criminalidad más bajos del continente americano, la percepción de inseguridad es extrema en la población de Chile. Hasta devino en una preocupación máxima que expertos describen como una “exacerbada” y “atávica” paradoja, que monopolizó la campaña de las elecciones presidenciales.
“El combate a la delincuencia es prioritario y es una tarea de Estado que tenemos que asumir todos”, aseguró la candidata de la izquierda y el progresismo chileno, Jeannette Jara, durante el último debate cara a cara. En el cierre de su intervención, afirmó que, de llegar a La Moneda, utilizará “todas las herramientas del Estado” para garantizar la seguridad pública y enfrentar al crimen organizado y al narcotráfico.
El ultraderechista José Antonio Kast, favorito para la segunda vuelta del 14 de diciembre, hizo de la seguridad su mantra, una suerte de comodín que introduce en todas las preguntas, incluso cuando tratan de otros temas. Su postura se basa en un diagnóstico alarmista que, según sus propias palabras, requiere de un “gobierno de emergencia nacional”.
Analistas locales coincidieron en explicar a EFE que si bien es cierto que desde hace una década se instaló en Chile un “nuevo tipo” de criminalidad, con hábitos delictivos más violentos que antes solo sucedían en países vecinos, la realidad de las cifras muestra que pese a ello Chile no perdió su condición como el más seguro de Latinoamérica.

“Temor a lo desconocido”
Para el experto en seguridad, doctor en ciencia política e investigador del Programa de Política Global de la Universidad SEK Chile, Mladen Yopo, la explicación es que Chile tiene “cierta cultura estratégica de territorio semi cerrado, teme a la diferencia, a lo desconocido en general”.
Pese a que el país se abrió en los años 90 con un vértigo que pocos vieron, no solo a través de tratados económicos sino de la restitución de sus relaciones internacionales después de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), su “aislamiento” sigue presente, lo que influye en el temor que siente la población.
“Chile es hoy un país que está muy atemorizado, donde según encuestas el 63 % de los adultos señala que el crimen y la violencia como los temas que más le preocupan”, explicó. Incluso, el temor llega a niveles mayores que en países donde ocurren crímenes sumamente violentos. En países como México y Colombia tienen además la capacidad mermada del Estado para responder.
No obstante, enfatizó que la sensación no corresponde a la realidad. En tanto, el Estado chileno ha hecho muchos esfuerzos durante todos los Gobiernos de la transición por entregar mayor capacidad para combatir nuevos crímenes, corrupción y violencia delictiva”, apuntó.
Si se observa los últimos cuatro años del Gobierno de Gabriel Boric, se pueden identificar más de 70 proyectos de ley destinados a perseguir la criminalidad. Se hicieron aumentos históricos en los presupuestos de las policías, inéditos patrullajes masivos e instalación de cámaras de vigilancia. También se creó un Ministerio de Seguridad Pública.
El miedo en datos
Según la encuesta global Gallup de 2024, solo el 36 % de los chilenos se siente seguro al caminar solo por la noche. Se ubica entre los países con mayor temor (6 de 144), cercano a naciones en conflicto. Solo lo supera Ecuador en el continente.
El experto en seguridad pública y académico de la Universidad de Santiago, Jorge Araya, señaló que “a lo mejor Chile no estaba preparado para la llegada de un nuevo crimen, pero se trata de un fenómeno mundial”.
“Si somos rigurosos y francos, Chile sigue siendo el país más seguro de Latinoamérica junto con Uruguay y Costa Rica, dos países que de igual forma han aumentado sus índices de homicidios, pero Chile aún sigue por debajo de ellos”, explicó a EFE.
En 2024, la tasa de homicidios en Uruguay fue de 10,7 por cada 100.000 habitantes. En Costa Rica, en el mismo periodo se registraron 16,6 por cada 100.000 habitantes. En Chile, el índice llegó a 6, un 4 % menos que en 2023 según la Fiscalía, lo que confirma una tendencia a la baja.

Seguridad, eje central de la campaña
Pese a la evidencia, la percepción de la ciudadanía es otra. Esta desproporción, apuntó Araya, ya se palpaba en el Informe sobre Desarrollo Humano en Chile de 1998, donde predominaba “el miedo al otro” en la falta de “seguridad pública”.
Si bien los homicidios bajaron, delitos como el secuestro llegaron a máximos desconocidos, con 868 casos reportados en 2024. Además, se registraron crímenes que remecieron a la opinión pública por su espectacularidad y crueldad.
Aunque persiste la brecha entre percepción y datos, la seguridad copó la campaña presidencial. Es una contienda en la que Jara y Kast ofrecen modelos de país radicalmente distintos. Sin embargo, el centro parece girar en torno al temor que más percibe de la población chilena.

