Diego Fernández Lima, de 16 años, desapareció el 26 de julio de 1984 en Buenos Aires. Según relató su hermano Javier, aquel día salió de la casa de sus padres alrededor de las 14:00 para visitar a un amigo y luego asistir a la Escuela Nacional de Educación Técnica (ENET). No regresó y, pese a la búsqueda de familiares en colegios, clubes y barrios cercanos, nunca hubo pistas. La policía descartó investigar al sugerir que el joven “se habría fugado con alguna novia”. Su padre dedicó años a rastrearlo hasta morir atropellado durante una búsqueda; su madre, hoy de 87 años, continuó esperando su regreso.

El 20 de mayo pasado, albañiles que trabajaban en una vivienda de la calle Congreso, en Coghlan, encontraron restos óseos a unos 40 centímetros bajo tierra. “Estábamos excavando y apareció el hueso. Para saber de qué era, empezamos a excavar un poco para ver si era de un animal o no”, contó uno de ellos al diario La Nación. La policía confirmó que eran restos humanos y el caso cobró notoriedad al informarse erróneamente que la casa había pertenecido al cantante Gustavo Cerati, lo que luego se desmintió. La vivienda colindaba con la de la familia de Cristian Graf, excompañero de escuela de Diego.
La investigación forense y los objetos hallados
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), junto a la fiscalía, recuperó 151 fragmentos óseos y objetos personales como un corbatín, un reloj, restos de ropa, un llavero y una moneda. El ADN confirmó que los restos correspondían a Diego. Según la directora del EAAF, Mariella Fumagalli, presentaba heridas de arma blanca en la espalda y golpes en varias partes del cuerpo, además de indicios de intento de manipulación del cadáver, posiblemente para desmembrarlo. Los peritajes señalaron que la víctima tenía entre 16 y 19 años, medía 1,72 metros y murió en la época de su desaparición.

La experta indicó que podría tratarse de un homicidio, aunque la fiscalía deberá determinarlo al concluir la investigación. Los hallazgos llevaron a reabrir preguntas sobre las circunstancias de la muerte y cómo llegó el cuerpo al lugar. El hallazgo fue impulsado cuando un sobrino de Diego vio la noticia y contactó a las autoridades, recordando la desaparición ocurrida cuatro décadas atrás.
Sospechas y citaciones judiciales
El fiscal Martín López Perrando conduce la indagatoria para establecer quiénes participaron en la muerte y el entierro. Debido al tiempo transcurrido, un eventual asesinato habría prescrito en Argentina, pero siguen las pesquisas para identificar a posibles responsables. Cristian Graf, de 58 años, fue citado a declarar porque el cuerpo apareció en el perímetro de la propiedad de su familia. Según la prensa local, él y Diego no eran amigos cercanos, aunque compartían la afición por las motos y Graf sabía repararlas.
El abogado de Graf, Martín Díaz, aseguró que su defendido “no tiene nada que esconder” y que colabora con la justicia. Aun así, el fiscal solicitó a un juez que sea investigado por “encubrimiento agravado” y “supresión de evidencia”. También fueron convocados a declarar seis testigos, entre ellos los obreros que hallaron los restos y excompañeros de la escuela. No se han difundido los contenidos de sus testimonios.
Para Javier Fernández, el hallazgo de los restos supuso sentimientos encontrados. “Sentí rabia, impotencia, tristeza y, al mismo tiempo, alegría porque encontré a mi hermano 41 años después. Cuando me entreguen el cuerpo podré despedirlo en paz como él se merece”, declaró a la BBC. La familia espera que las investigaciones permitan esclarecer qué sucedió en 1984 y quiénes estuvieron involucrados. “Esto ha sido una agonía”, expresó.

