Después de quince años de encierro en cárceles de máxima seguridad, el asesino serial misionero, Luis Raúl Menocchio habló por primera vez con un medio de comunicación en una entrevista que realizó el periodista Diego Fernández Romeral, de Anfibia. El hombre, que cumple dos cadenas perpetuas por los asesinatos de Claudio “Tano” Nozzi y el doble homicidio de Nélida Bartolomé y Manuel Roseo, relató su versión de los hechos y sostuvo su inocencia.
Menocchio cumple la primera condena por el asesinato de Claudio “Tano” Nozzi, un ejecutivo de la cadena HBO que consideraba uno de sus amigos más cercanos. La segunda corresponde al doble homicidio de Nélida Bartolomé y Manuel Roseo, propietario de La Fidelidad. En enero de 2014, las autoridades lo trasladaron a la cárcel de Rawson, la prisión de máxima seguridad más austral de la Argentina.
—A… A ver, hermano… ¿Có-cómo es que me convertí yo, que nunca tuve problemas con nadie, en un asesino serial? —me dice en una llamada desde la cárcel—. ¿De-de repente soy un loco que sale a matar gente por la calle?

—Acá los compañeros andan todos medicados. Yo no tomo pastillas. No soy de-depresivo ni nada de eso. Duermo tranquilo.
—Yo mi vida la pasé de primera y en camarote. Tuve la infancia que le desearías a cualquier chico. Me decían Niño Raúl porque era el mimado de todos.
—Desde chi-chiquito fui un playboy. Tenía novias como tenía autos… Si acá las celdas no fueran tan chicas me traía una mina adentro —dice Menocchio y se ríe a carcajadas.
—Mi rey… siempre anduve en la cresta de la ola. Digamos que ahora estoy pasando una temporada atípica.
—A mí me meti… me metieron en este cofre para que me quede callado. Nadie sabe la verdad. Los periodistas dicen todas pavadas. Sos el primero con el que voy a hablar. Te… Te voy a contar lo que pasó.
Durante la conversación, Menocchio también habló sobre su pasado familiar y su llegada a Paraguay. Negó que la salida de Misiones de su familia respondiera a una estafa y vinculó el traslado con una posible operación de tráfico de armas, aunque aclaró que desconocía los motivos de su padre. Además, relató sus vínculos con personas cercanas al régimen de Alfredo Stroessner y describió los negocios y las fiestas que organizaba en ese país.
—¡Mi rey! ¿Cómo estás? Escuchame, ¿sabés cómo armar un OnlyFans? —me pregunta Luis Raúl Menocchio—. ¿Se hace plata con eso?
—La verdad no tengo idea.
—Los presos se sacan fotos mostrando la pija entre las rejas y les pagan. Mirá que hago un desastre y lo filmamos todo —dice y se ríe a carcajadas—. Si hay algo que yo sé hacer es plata. Soy un mago para hacer plata.
—¿Por qué tu papá se fue de Misiones y se llevó a toda la familia?
—Lo de la estafa es una mentira. El establecimiento estaba funcionando a full. ¿Por… por qué iba a sacrificar todo eso? Yo no sé qué carajo hizo mi viejo, nunca nos dijo. Nos fuimos de un día para el otro con lo puesto. Para mí fue un tema de tráfico de armas. ¿Sabés quiénes venían a comer a mi casa?
—Mi papá le había escondido a la hermana de Stroessner, Heriberta, cuando no sé qué problema tuvieron. Le hizo un favor como buen samaritano —recuerda Menocchio—. Después, allá en Paraguay, lo íbamos a ver a Stroessner a la casa presidencial. Era un tipo bueno.

—¿Cómo empezó tu vida en Paraguay?
—Me pusieron un Coronel que me cuidaba y me presentaba gente. Un ruso medio nazi que me llevaba al Club Caracol. También le cuidaba los hijos a Stroessner. Así que andaba tranquilo y arranqué a hacer negocios.
—Eran las fiestas más famosas del país. Iban todos los políticos pesados. Por eso yo tenía carta libre y era el niño de oro. Traía modelos de todos los colores que llegaban en helicóptero, envueltas en mil rosas… —dice Luis Raúl Menocchio—. Lo que la gente de mucho dinero no podía hacer en su vida, venía a mi casa y lo hacía. Y en el medio todos hacíamos negocios.
—Ya no quería trabajar más. Estaba muy absorbido por la noche. Con amigos, chicas, fiesta. Pero el tema fue que perdí a mi padrino político. Ahí se fue todo al carajo.
—Hice un arreglo con un grupo de senadores. Yo me iba de Paraguay y se desarmaban mis operaciones de cable. Para eso me hacían un juicio como pirata de señales. Vendieron las empresas al Grupo Clarín [el multimedio más grande de Argentina] y yo estuve un año prófugo. Volví y me traicionaron. Nunca me dieron el dinero.
—Yo llegué a la casa del viejo Roseo, que se le caía a pedazos, y le dije la verdad —me cuenta Luis Raúl Menocchio—. Era un tipo austero y sufrido y yo tengo otra forma de vida, siempre viví como un pachá. Le expliqué que yo era un hombre rico, que tenía problemas en Paraguay y Corrientes, que me acusaron de asesinatos y que estuve preso, pero que era el candidato ideal para comprarle La Fidelidad.
—¿Cómo lo convenciste de eso?
—Este campo ya no es tuyo, le dije. Lo que me estás vendiendo es un problema. Yo soy un gran negociante, sino no hubiese hecho todo lo que hice. El viejo tenía boletos de compra venta por todos lados y le habían metido ese litigio judicial en Santa Fe. Hablamos a calzón quitado. Me pidió una cifra sideral y lo hice entrar en razón. Tenía mucho miedo de ese litigio y me dijo que estaba enfermo. Tenía raquitismo. Estaba hecho mierda. Ahí le ofrecí la plata.

—El viejo tenía además esas cinco hectáreas del aserradero. Ahí yo quería hacer un country para los más polenta de Castelli. ¿Entendés? Yo veo el negocio al toque. Y este era un gran negocio. La Fidelidad es una tierra que, mal vendida, puede valer quinientos millones de dólares. Yo la compré por cuarenta.
—¿Roseo decidió venderte y perder toda su fortuna solo para salvarse de un litigio judicial?
—Vos decís que estaba perdiendo. ¿No estaba ganando en realidad? El viejo ya sabía que iban a venir por sus tierras. Además… ¿Cómo iba a vender algo que ya estaba vendido? Había boletos por todos lados y yo le estaba ofreciendo comprar las tierras. Así fueron las cosas. Me dijo que quería volver a Italia. Estaba contento cuando me vendió.
.—¿De quién son esas tierras?
—Ahora ya se sabe que lo del Parque Nacional es una mentira. No hay Parque Nacional, no hay una expropiación consumada. Aparecieron los herederos, que son los hijos de la mucama, y chau. Pero antes de todo eso está la compra natural mía. A mí no me permitieron ir a la Suprema Corte ni nada. Me apretaron, me subieron a un avión y me mandaron a Rawson. Pero La Fidelidad la compré yo. Es mía.
Dos semanas después de la desaparición del empresario argentino Eduardo Maciel y su empleada Graciela Méndez, quienes habían sido vistos por última vez cuando subían a la camioneta de Menocchio, la Policía de Paraguay allanó la mansión del acusado en Mburucuyá. El operativo encontró mezcladoras con cemento fresco, palas y tambores negros vacíos con la inscripción Nastolin 26, similares a los que luego aparecieron con los cuerpos. Menocchio abandonó su casa y caminó frente a las cámaras de televisión, en una escena que, según el relato, representó su última aparición pública en Paraguay.
—¡Está todo filmado, mi rey! —grita Luis Raúl Menocchio. Su voz divertida apenas se escucha detrás de una cumbia que suena a todo volumen—. ¡Aguantá, que parece una discoteca este pabellón!… ¡Yo salí caminando de Paraguay!
—¿Por qué te fuiste?
—¡Esperá!… Ahí se calmaron… El fiscal le dijo a mi abogado: “que se vaya Menocchio porque hay orden de matarlo”. Si me metían preso yo terminaba muerto. Al tipo ese Maciel lo conocí la misma noche que desapareció. No tengo idea quién era.
Según su versión, la noche del 17 de agosto de 2004 ingresó al bar Puerto Madero para distraerse, conversó con Eduardo Maciel y apostó dinero en algunas partidas de pool. Menocchio afirmó que perdió quinientos dólares y dejó un reloj Rolex como garantía, antes de aceptar llevar a Maciel y Graciela Méndez hasta un lugar cercano a un hotel. Sin embargo, una declaración de Karina Selene Riveros, entonces pareja del acusado, describió otra secuencia: según ese testimonio, Menocchio llevó a las dos parejas a su casa, donde consumieron cocaína y jugaron al póker, y luego disparó contra Maciel y Méndez. Menocchio rechazó ese relato y sostuvo que Riveros recibió dinero para declarar en su contra.
—Esa chica era un gato mío, una noviecita —me dice Luis Raúl Menocchio—. Estuvo pagada para declarar, por gente que me quería sacar cosas mías en Paraguay. ¿Entendes o no?
En la causa Luis Raúl Menocchio y Karina Selene Riveros S/Homicidio Doloso, tramitada en el Juzgado Penal de Garantías Nº 5 de Asunción, la hipótesis judicial apuntaba a un ajuste de cuentas en un negocio de distribución de cocaína. Menocchio afirmó que escapó de Paraguay con una mochila que contenía un millón de dólares y cruzó hacia Argentina por Clorinda, antes de dirigirse a la casa de su amigo Claudio Nozzi.

—Yo estoy vivo gracias a mi abogado y al fiscal, que después me terminó persiguiendo. Pero me dio tiempo de salir de Paraguay antes de que me mataran —dice Luis Raúl Menocchio—. Me fui con una mochila al hombro que adentro tenía un millón de dólares. Llegué hasta la pasarela de Clorinda, en el río Pilcomayo, y crucé en una balsa que llevaba verduras. Contrabando hormiga, como le dicen. En Argentina me subí a un colectivo y me fui a la casa de mi amigo, el Tano Nozzi, para empezar una nueva vida.
—¿Es difícil viajar con un millón de dólares en la mochila?
—Lo difícil es cuando alguien se entera [se ríe a carcajadas]. A mí no me robaron nunca en mi vida. No sé lo que es esa experiencia.
—¿Qué hiciste en Argentina?
—Me instalé en la casa del Tano. Vivía en un country de Don Torcuato, en Buenos Aires. Y empezamos a pensar en negocios. Él quería armar una cadena de gimnasios y también estaba por filmar una nueva película. Necesitaba diez millones de dólares para todo eso. Le dije que yo se los podía dar. Después me conseguí una novia, una artista plástica del Tigre, y me fui a vivir con ella.
—En la causa judicial por el asesinato de Claudio Nozzi está asentado que para fines de 2004 te habías “modificado el rostro”. Esa mujer que fue tu pareja declaró: Lo conocí con una cara y después con otra.
—¡Mi rey! Lo que yo me hice fue un lifting porque estaba medio viejón. Y de paso me saqué las ojeras. Me hice párpado arriba, párpado abajo… Y una estirada. Me pinté el pelo de blanco y metí máquina de sol, con un compresor para broncearme con pintura. ¡El asesino de las mil caras! [se ríe con ironía]. Lo único que hice fue convertirme en Hugo Jara.
—¿En qué se diferenciaban Hugo Jara y Luis Raúl Menocchio?
—¡Jara era Menocchio bronceado y estirado! Tenía carnet de Blockbuster, CUIT como Gestor Comercial, carnet del Club de Golf de Pacheco y del supermercado. ¡Completito! Pero era Luis Raúl Menocchio. No había diferencias.
—¿Qué pasó con Claudio Nozzi?
—Desapareció. Hasta el día de hoy yo no sé si está muerto. Se fue del Hotel Turismo a Paraguay y un amigo mío le entregó los diez millones de dólares que yo tenía allá escondidos. Se los llevó en dos bolsos. Y nunca más lo ví. Yo estaba en el yate y llegó la Prefectura ahí al medio del río. ¿Cómo nos ubicaron? ¿Quién les dijo que estábamos ahí? Yo estaba haciendo esquí acuático y mi secretario cocinaba. Había música electrónica. Qué se yo, vida normal. Y ahí quedé detenido.
—¿Claudio Nozzi no fue asesinado?
—A ver… Si yo lo hubiera querido matar, como dicen, ¿para qué lo iba a llevar a Corrientes? Lo mataba en Buenos Aires y listo. Yo no maté a Claudio, era mi amigo. ¿Por qué mataría a mi amigo?
El 10 de marzo de 2005, las autoridades encontraron el cuerpo de Claudio Tano Nozzi flotando a cuatro kilómetros de donde estaba fondeado el Trasulag II. El cadáver presentaba cadenas y anclas en las manos y los pies, además de seis disparos en el pecho y uno en la cabeza. La Policía Federal Argentina estableció que Hugo Jara era en realidad Luis Raúl Menocchio y que las cadenas y las anclas pertenecían a la embarcación; asimismo, la prueba del Luminol indicó que los disparos ocurrieron en el sillón del yate.
—¡Era la sangre de los peces! —me dice Luis Raúl Menocchio—. Estuvo todo armado para implicarme. El cuerpo estaba en una zona donde cruzan droga, hay contrabando de lo que quieras, muertos a cada rato. Aparece un tipo sin cara, sin nada, flotando a no sé cuántos kilómetros. Y dicen que yo lo maté. Me persiguen desde que vendí mis empresas de cable.
En relación con el asesinato de Manuel Roseo, Menocchio señaló a otras personas y cuestionó la investigación judicial. Afirmó que un hombre identificado como Berg entregó al empresario y sostuvo que una banda buscaba quedarse con las tierras de La Fidelidad; además, vinculó a Claudio Gómez y al entonces gobernador Jorge Capitanich con una supuesta trama para apropiarse del campo.
¿Quién mató a Manuel Roseo?
—Mi rey… Ese Berg fue el entregador. Lo entregó al viejo con la plata que yo le llevé. Y atrás de Berg había una banda. Por eso lo dejaron vivo. A ver… Si fui yo… Si yo voy a una casa y mato dos tipos, ¿el secretario cómo queda vivo? ¿Tiene coronita? Encima lo voy a meter en el baúl de su auto y lo voy a dejar mal atado para que se desate y salga corriendo. ¿Medio boludo soy? No tiene ningún gollete. ¿Para qué lo voy a dejar vivo? Si soy un asesino como dicen… mato dos, mato tres, ¿me entendés? Es exactamente lo mismo.
—¿Por qué te querrían incriminar en el asesinato?
—Para que yo no pueda terminar mi compra y quedarme con el campo. Berg era el único que sabía de esa plata. Arregló con una banda: “a mí dame unos golpes y no me mates”. Y conmigo los jueces encontraron al asesino perfecto, porque ya venía empapelado. Pero la única prueba en contra mía fue ese secretario, y estuvo arreglada. Cuando se enteraron que compré La Fidelidad, lo mataron al viejo.
—¿Quiénes?
—Este tipo Gómez, que andaba con los autos usados allá en Santa Fe, que le tenía embargado el campo al viejo, ¿por… por qué no lo investigaron? La esposa era una escribana que declaró en el juicio. Se contradecían a cada rato. Habían conseguido firmas originales del viejo. Se las dio el secretario, ¿entendés? El abogado de Gómez ve-venía en jet privado. Era una mafia que se quería quedar con el campo. Dos más dos son cuatro.
—¿Qué querés decir?
—Pensá esto… después del asesinato, que se pudrió todo, ¿qué hicieron? Un Parque Nacional y se robaron ciento treinta mil hectáreas. ¿Quién lo hizo? el gobernador Capitanich, que tiene brazos por todos lados…. Ese Claudio Gómez se escapó de la cárcel y le pegaron un tiro. Por orden de Capitanich. Le dijeron escapate y lo acribillaron. Algo estaba por decir. ¿De dónde venía Gómez? Ahí te tenés que fijar.
—Claudio Gómez trabajaba como chofer de “Vino Caliente” Juárez, el líder sindicalista de los puertos de Santa Fe…
—Yo de eso del puerto ya no sé nada… Pero atrás de Gómez están los que se cargaron al viejo. A mí me metieron en la volada porque tenía el caso de Paraguay y de Nozzi. Yo no cometí ningún delito de los que se me imputan. Soy inocente.
La entrevista de Diego Fernández Romeral expuso la versión de Menocchio sobre los homicidios, sus negocios y los vínculos que mencionó durante la conversación, mientras que el periodista también incorporó testimonios y elementos de las investigaciones judiciales. El relato deja abiertas las preguntas sobre los hechos que rodearon los crímenes y las distintas versiones que aparecen en las causas.
Fuente: revista Anfibia

