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Mariana Olivera, la voz y el rostro del folclore argentino en la Fiesta del Inmigrante

Mariana Olivera, elegida Paisana del Pabellón Argentino, cuenta cómo el folclore y las tradiciones marcaron su vida. Su historia refleja el compromiso de quienes trabajan para que el legado cultural trascienda generaciones.

Paisana

La joven Mariana Olivera, de 27 años, es la paisana del Pabellón Argentino en el Parque de las Naciones de Oberá. Su conexión con la cultura nacional se afianzó en la adolescencia, cuando a los 16 años ingresó al ballet del Centro Cultural Argentino. Aunque por un tiempo debió alejarse por estudios y trabajo, retomó la danza a los 24 años, y encontró en el folclore una forma de reafirmar sus raíces.

Sus compañeros del ballet fueron quienes la animaron a postularse como paisana. Al principio, dudaba si era el momento adecuado, pero decidió intentarlo. Tras presentar un currículum con sus datos, aspiraciones y hobbies, pasó por una entrevista presencial. Cuando recibió la noticia de que había sido elegida, -según contó- sintió una felicidad inmensa y un orgullo profundo por representar a Argentina.

Para Olivera, ser paisana no solo es un honor, sino también una gran responsabilidad. Sabe que lleva en sus hombros la confianza de quienes la eligieron y la tarea de honrar las tradiciones nacionales. Su rol implica ser anfitriona en la Fiesta Nacional del Inmigrante, donde busca transmitir la esencia del folclore y las costumbres argentinas.

El Pabellón Argentino es para ella un espacio de encuentro con las raíces. Allí, la danza y la música se mezclan con platos típicos como las empanadas, el locro y el asado, que reflejan la diversidad cultural del país. La paisana destaca cómo estas tradiciones unen a las generaciones, lo que mantiene vivo el legado de los ancestros.

Sobre la Fiesta del Inmigrante, Olivera resalta su importancia como celebración de la diversidad. “Es un momento para compartir nuestras culturas y aprender de las demás”, cuenta. Para ella, el evento no solo recuerda el pasado, sino que también construye puentes entre comunidades.

Aunque al principio no dimensionó la magnitud de su rol, hoy asegura que ya asume con dedicación su lugar como paisana. Su historia refleja el compromiso de quienes trabajan para preservar y difundir las tradiciones, asegurando que las futuras generaciones sigan sintiéndose parte de ellas.

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