Cada 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, con el objetivo de impulsar el bienestar en las sociedades y darle importancia y prioridad a este estado emocional. La iniciativa proviene de un país asiático que considera que el modo de medir el progreso de sus habitantes no se relaciona sólo con el uso de indicadores económicos, sino también factores psicológicos y psicosociales.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció al 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad. En su Asamblea General llevada a cabo el 20 de marzo de 2012, se decretó este día con el objetivo de “reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno”.

Objetivos de desarrollo sostenible
En este contexto, en 2015, la ONU aprobó una agenda con 17 objetivos de Desarrollo Sostenible que se interrelacionan entre sí y se consideran fundamentales para garantizar el bienestar y la seguridad:
- Fin de la pobreza.
- Hambre cero.
- Salud y bienestar.
- Educación de calidad.
- Igualdad de género.
- Agua limpia y saneamiento.
- Energía asequible y no contaminante.
- Trabajo decente y crecimiento económico.
- Industria, innovación e infraestructura.
- Reducción de las desigualdades.
- Ciudades y comunidades sostenibles.
- Producción y consumo responsable.
- Acción por el clima.
- Vida submarina.
- Vida de ecosistemas terrestres.
- Paz, justicia e instituciones sólidas.
- Alianzas para lograr los objetivos.
La iniciativa para crear el Día Internacional de la Felicidad nació en Bután, país de Asia del Sur que desde principios de la década de 1970 planteó la idea de establecer una fecha que homenajee a esta emoción, ya que mide la calidad de vida de sus habitantes mediante en índice de Felicidad Nacional Bruta (FNB).
El 2 de junio de 1974, Jigme Singye Wangchuck, de 18 años en ese entonces, se coronó como el rey de Bután tras la muerte de su padre. Durante su discurso, expresó: “La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto bruto interno”.
Esta filosofía nació de la visión de su joven monarca, quien decidió orientar el desarrollo de su país en torno al bienestar integral de su población. Con el tiempo, ese modelo llamó la atención del mundo y sentó las bases para una nueva forma de pensar el progreso.

Equilibrio y renovación
Así también, la elección de la fecha no es casual. El 20 de marzo coincide con el equinoccio de primavera en el hemisferio norte, un momento del año que simboliza el equilibrio y la renovación, valores estrechamente vinculados con la idea de felicidad y armonía.
A partir de su instauración, la jornada se convirtió en una invitación global a reflexionar sobre la importancia de construir sociedades más justas, inclusivas y sostenibles, donde el crecimiento económico no sea el único indicador de desarrollo.

