En un contexto marcado por la recesión nacional y el deterioro de las economías regionales, cada vez más trabajadores misioneros cruzan a Brasil en busca de mejores oportunidades. La diferencia salarial, la mayor estabilidad laboral y las condiciones ofrecidas del país vecino contrastan con el escenario que se vive en Argentina, atravesado por el desempleo, la caída de la actividad productiva, el golpe a las economías regionales, y la pérdida de ingresos. Tal como refleja el caso de Ricardo Díaz, tarefero de El Soberbio, quien alterna tareas en la provincia con cosechas en Brasil.
“Por ahora estamos con un poco de tabaco nomás y de ahí salimos a Brasil”, contó. En la misma línea explicó que en su zona, el problema no es la ausencia total de trabajo, sino su falta de continuidad: “El colono paga dos, tres días y ya no tiene más. Entonces la gente tiene que salir a buscar”.
En Paraíso, donde reside, las tareas rurales, como la cosecha de tabaco o yerba mate, aparecen de forma intermitente. “A veces la propia familia del colono tiene que salir a cosechar la yerba, porque no alcanza para pagar mano de obra”, señaló en diálogo con LT 17 Radio Provincia de Misiones, en referencia a la crisis que atraviesa el sector yerbatero desde la desregulación del Instituto Nacional de la Yerba Mate, con precios por debajo de los 170 pesos por kilo de hoja verde, y costos que superan los 400 pesos.
Frente a este panorama, Brasil se convierte en una alternativa temporal. Allí, Díaz participa en cosechas de uva, manzana o caqui, dependiendo de la época del año. Los traslados implican largas distancias: “Trabajamos casi a 800 kilómetros de acá”, explica. Las estadías suelen durar entre 60 y 75 días.
Sin embargo, aclaró que tampoco se trata de empleo permanente, sino de trabajos por temporada. Remarcó que la diferencia es que permiten garantizar ingresos durante varias semanas seguidas. “Allá tenés dos o tres meses de trabajo”, indicó.
En cuanto a las condiciones de vida, destacó que en muchos casos incluyen alojamiento y comida: “Ganás todo libre, tenes casa, comida, internet, todo completo”. Sobre los ingresos, mencionó que llegó a cobrar unos 140 reales por día en cosecha de manzana, y con la uva entre 180 y 200 reales. El tipo de cambio también influye: “Rinde más el real”.
Por otra parte, comentó que el acceso a estos trabajos se da principalmente por contactos. “Tenemos conocidos allá, y cuando llega la cosecha entramos en contacto”, explicó. A su vez, recomendó informarse antes de viajar y elegir bien el destino para evitar problemas.
En este sentido, la decisión de migrar no está exenta de costos personales. El colono, reconoció que durante las temporadas, debe dejar a su familia en Misiones. “Seguro que se extraña”. Aun así, el ingreso resulta clave: “Sirve para vestir, para comer, para pasar el año”.
El caso de Ricardo Díaz expone una realidad extendida en zonas rurales: el impacto de la recesión nacional en las economías regionales, con un sector productivo cada vez más diezmado, trae como consecuencia la migración laboral. La necesidad de salir del país no responde a mejores oportunidades estructurales, sino a la falta de trabajo continuo en el ámbito local. “Si hubiera trabajo fijo acá, no me iría”, se lamentó Díaz.

