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Propofol y Fentanilo: la trama de los “viajes controlados” que terminó en tragedia

Así es el recorrido de los nvestigadores judiciales que rastrean una red de profesionales de la salud que organizaban eventos de sedación con potentes fármacos hospitalarios robados.

La Justicia argentina investiga una trama oscura detrás de la organización de fiestas clandestinas donde se utilizaban Propofol y Fentanilo. Los investigadores sospechan que estos fármacos fueron robados del Hospital Italiano para realizar prácticas altamente peligrosas fuera del ámbito sanitario. El caso cobró relevancia tras las muertes sospechosas del anestesista Alejandro Zalazar y del enfermero Eduardo Bentancourt en el barrio bonaerense de Palermo. Actualmente, dos profesionales de la salud enfrentan imputaciones graves mientras la pesquisa intenta determinar si existe una estructura delictiva mayor.

La causa inició el pasado 20 de febrero cuando la Policía de la Ciudad acudió a la calle Juncal al 4600. Los familiares de Zalazar denunciaron que no tenían novedades del profesional desde hacía varias horas. Al ingresar al domicilio, los efectivos encontraron al joven sin signos vitales y tendido en el suelo de su vivienda. El cuerpo no presentaba indicios de violencia externa, pero el escenario despertó sospechas inmediatas en los peritos policiales.

En el lugar, las autoridades hallaron objetos descartables junto al cadáver y una vía conectada en uno de los pies de la víctima. Posteriormente, la autopsia reveló que falleció como consecuencia de la inyección de Propofol y Remifentanilo. De forma simultánea, el Hospital Italiano denunció el robo de productos anestésicos de sus depósitos oficiales. Los investigadores determinaron que la vía conectada al cuerpo pertenecía al instituto médico del barrio de Almagro.

A raíz de estos hallazgos, la justicia imputó a Hernán Boveri, un anestesista que renunció a su cargo tras conocerse el escándalo. También imputó a Delfina Lanusse, una residente de tercer año que actualmente cumple una licencia forzosa en la institución. Ambos profesionales se encuentran en libertad, aunque se los prohibió salir del país mientras avanza la etapa de instrucción. En sus declaraciones indagatorias, los dos sospechosos manifestaron ser inocentes y evitaron responder preguntas directas de los magistrados.

Sin embargo, los testimonios del jefe y subjefe de anestesiología del hospital complicaron seriamente la situación procesal de los acusados. Según estas declaraciones, la joven residente reconoció tener problemas de consumo desde hacía dos años. Por su parte, el profesional Boveri admitió que en tres o cuatro oportunidades había drogado a Lanusse con su consentimiento previo. Además, el anestesista señaló que había sido ella quien robó los medicamentos del centro de salud para uso privado.

Durante las semanas de pesquisa se llevaron a cabo diversos allanamientos en tres domicilios y en la Asociación de Anestesia. En uno de los inmuebles particulares, la policía halló una caja con tubos con anestesia clínica, jeringas, agujas y ampollas. Los investigadores creen que estos elementos servían para organizar eventos donde se cobraba en dólares para participar. En estas reuniones, los asistentes buscaban experimentar los denominados “viajes controlados” mediante la sedación intravenosa supervisada de forma precaria.

Las invitaciones a estas fiestas mencionaban que un encargado brindaba asistencia respiratoria en caso de que algún participante sufriera una apnea. No obstante, este mecanismo de seguridad improvisado falló en el caso de Zalazar, quien falleció por una sobredosis de fármacos. Recientemente, se conoció una muerte más que podría estar relacionada a esta misma organización clandestina. El enfermero Eduardo Bentancourt, de 44 años, fue hallado sin vida dentro de su departamento en la calle Fray Justo Santa María de Oro al 2428.

En la cocina de dicho inmueble, los efectivos hallaron una jeringa, un guante de látex y ampollas con numerosos fármacos. La lista incluyó sustancias como Propofol, Lidocaína, Difenhidramina, Dipirona, Hioscina, Fentanilo, Diclofenac, Clonazepam, Midazolam, Dexzametazona, Adrenalina, Haloperdol, Metoclopramida, Diazepam, Keterolac, Cloruro de Potasio, Ceftriaxona, Penicilina, Succinivolina. La cantidad y variedad de medicamentos sugiere un acceso ilegal y sistemático a suministros hospitalarios de alta complejidad.

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