El caso de Roberto Silva refleja el recorrido de un paciente que atravesó cinco años de diálisis antes de recibir un trasplante renal en el Hospital Madariaga. El procedimiento, realizado el 29 de noviembre, marcó un punto de inflexión en su estado de salud y en su vida cotidiana. Hoy continúa con controles médicos periódicos y tratamiento farmacológico.
La historia de Roberto comenzó con una consulta por un motivo distinto, pero los estudios revelaron una situación crítica. Según relató, ingresó al hospital con una afección diferente y el equipo médico detectó un cuadro avanzado.
“Llegué al Hospital Madariaga por algo totalmente distinto y estaba al borde de un paro, con el riñón prácticamente al 10%”, señaló en diálogo con Canal Doce. El diagnóstico cambió el rumbo inmediato del tratamiento.
El paciente reconoció además la falta de controles previos. “Nunca me hice un examen médico. Ese día descubrieron el problema real”, indicó.
Cinco años de diálisis y el impacto en la vida diaria
Tras el diagnóstico, Roberto inició un proceso de diálisis que se extendió durante cinco años, con tres sesiones semanales. El tratamiento implicó un cambio profundo en su rutina y en su estado emocional.
“Fue muy difícil, llegó un momento en que tenía ganas de abandonar todo”, expresó. También describió períodos de desgaste anímico durante el tratamiento prolongado.
Durante ese tiempo, su vida cotidiana quedó condicionada por los turnos médicos y la dependencia de la máquina. “Eran lunes, miércoles y viernes sin falta. Fue una etapa muy dura”, recordó.
El trasplante y una segunda etapa de vida
El trasplante renal llegó luego de años de espera y controles. La intervención se concretó en el Hospital Madariaga y, según su testimonio, la recuperación inicial permitió una rápida vuelta al hogar.
“El trasplante fue un éxito. Después fue como empezar a vivir otra vez”, afirmó Roberto. Actualmente mantiene controles cada dos meses y una rutina de medicación estricta.
El paciente destacó también el acompañamiento médico recibido durante todo el proceso. “La atención fue magnífica, me trataron como en casa”, señaló. En su mensaje final, Roberto remarcó la importancia de la donación de órganos y el seguimiento médico preventivo. “Donar salva vidas. Gracias a eso hoy estoy vivo”, expresó.
El caso refleja el impacto del trasplante renal en pacientes con enfermedades crónicas avanzadas y la continuidad del acompañamiento médico tras la intervención.




