Javier Fernández, hermano menor de Diego Fernández Lima, compartió el dolor que atraviesa su familia desde aquel 1982 cuando el adolescente de 16 años desapareció. Los restos aparecieron décadas después en una propiedad de Coghlan que años más tarde ocuparía el músico Gustavo Cerati.
“Estoy en cada detalle de la causa”, confesó Javier en El Periodista de Canal Doce. “No vemos mucha tele porque no quiero que mi madre sepa lo que trasciende”, agregó sobre los cuidados que requieren con su mamá de 87 años.
Sobre Norberto Cristian Graf, principal sospechoso según fuentes judiciales, Javier prefirió ser cauto. “No quiero apresurarme ni sacar conjeturas, la Fiscalía se está encargando”, aunque admitió que “todo el mundo sabe que algo hay, es evidente”.
Los recuerdos de infancia duelen. “Éramos hermanos unidos”, describió sobre Diego, a quien evocó como buen estudiante y jugador de fútbol. La casa donde lo encontraron quedaba a 20 cuadras de donde vivían, pero nunca supieron de vínculos con ese lugar.

“Mi mamá se asomaba por la ventana con la esperanza de que Diego aparezca con vida”, reveló sobre los años de angustia. Hoy “besa su foto y le habla”, en un ritual de amor que perdura tras cuatro décadas.
Excompañeros del colegio se presentaron espontáneamente a declarar tras el hallazgo de los restos. Javier agradeció este apoyo mientras espera que “la ley aplique todo su peso sobre el culpable”.

El padre falleció sin conocer la verdad, una herida más para esta familia que no pierde la esperanza. “Son 41 años de mucho dolor”, resumió Javier, pero mantienen firme el reclamo de justicia para Diego.

