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El consumo de carne vacuna en Argentina cayó a su mínimo histórico y el pollo ya supera los 45 kilos por persona

Hace cinco décadas, los argentinos consumían 84 kilos de carne vacuna por año; hoy, el promedio ronda los 46 kilos.

El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa uno de sus momentos más bajos: alcanzó los 46 kilos por habitante en el promedio móvil de los últimos 12 meses, según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra). La caída responde a una combinación de factores: una producción que permanece estancada desde hace décadas, precios elevados frente a otras carnes y el avance del pollo y el cerdo en la dieta de los argentinos.

De acuerdo con un análisis de Argendata Fundar, el consumo anual de carne vacuna pasó de 84 kilos por persona a 49 kilos en 2023, mientras que a fines de la década de 1960 había superado los 80 kilos. En los primeros ocho meses de 2026, el consumo interno alcanzó 1,37 millones de toneladas de res con hueso, un 11,3% menos que en el mismo período de 2025. En paralelo, la producción de 2024 fue de 3,18 millones de toneladas, un volumen similar al de casi cinco décadas atrás.

El consumo per cápita de carne vacuna se ubica hoy en 46 kilos.

El estancamiento de la oferta limita la disponibilidad por habitante y responde a varios factores. Entre ellos figuran la competencia por el uso de la tierra con la agricultura, la inestabilidad económica y las restricciones a las exportaciones aplicadas en distintos períodos. A esto se sumaron las sequías, en especial la de 2008 y 2009, que provocó una liquidación de vientres y redujo el stock ganadero, con consecuencias para la producción posterior.

El pollo y el cerdo ganan terreno en la mesa argentina

Mientras la ganadería vacuna mostró un crecimiento limitado, la producción aviar registró una expansión notable. Entre 1961 y 2024, la producción de pollo pasó de 36.000 toneladas a 2,3 millones de toneladas, un volumen 64 veces mayor. La carne porcina también ganó participación, sobre todo desde comienzos de este siglo, gracias a mejoras en genética, nutrición y sanidad animal.

El cambio también se refleja en los hábitos de consumo. En 2023, los argentinos comieron más de 45 kilos de pollo y 17 kilos de cerdo por persona. Las carnes blancas ganaron aceptación por su percepción como opciones más saludables y por sus precios relativamente más accesibles. Como resultado, la carne vacuna pasó de representar cerca del 90% de la producción total de carnes a alrededor de la mitad.

La producción de pollo se multiplicó por 64 en los últimos 65 años.

Los precios explican parte de la caída

La diferencia de precios entre las distintas carnes es otro factor decisivo. Cuando la carne vacuna aumenta más que sus sustitutos, muchos hogares optan por pollo o cerdo para sostener el consumo de proteínas sin elevar tanto sus gastos. El informe de Argendata resume esta dinámica: “Cuando una carne se encarece frente a las demás, los consumidores tienden a reemplazarla por alternativas relativamente más baratas”.

Entre 2003 y 2006, la relación entre el precio de la carne vacuna y el del pollo pasó de 1,55 a 2,08. En ese período, el consumo de pollo aumentó un 41%, de 19,4 a 27,3 kilos por habitante, mientras el de carne vacuna permaneció casi estable. Entre 2009 y 2011, después de la sequía y la caída del stock bovino, la relación de precios subió de 2,05 a 2,84. El consumo de carne vacuna bajó de 53,5 a 49 kilos por persona, mientras el de pollo creció de 32,8 a 37,5 kilos.

La producción vacuna permanece prácticamente estancada desde hace décadas. En 2023, el consumo de carne de origen animal en Argentina alcanzó los 122,7 kilos por habitante.

Menos carne vacuna en el mercado interno y más exportaciones

La reducción del consumo de carne vacuna no significa que los argentinos hayan dejado de comer carne. En 2023, el consumo total de carnes de origen animal llegó a 122,7 kilos por habitante, una cifra que ubicó al país en el puesto 23 del ranking mundial. Sin embargo, la composición de la dieta cambió: la carne vacuna perdió el predominio que mantuvo durante buena parte de la historia argentina.

La menor demanda interna también modificó el destino de la producción. En 2024, cerca de un tercio de la carne vacuna producida en el país se exportó, con un volumen récord para la serie analizada. China se mantuvo como el principal comprador. Así, la carne vacuna conserva un lugar destacado en la producción y las exportaciones argentinas, pero su costo relativo, las limitaciones de la oferta y la competencia del pollo y el cerdo explican por qué cada vez ocupa menos espacio en la mesa cotidiana.

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