La crisis en la industria textil argentina dejó de ser un problema aislado y se transformó en un fenómeno extendido a raíz de la recesión nacional. En los últimos meses se multiplicaron los concursos preventivos, cierres de operaciones y reestructuraciones en una cadena productiva que fue motor del empleo industrial durante décadas.
El impacto atraviesa todos los segmentos: hilanderías, fabricantes de ropa interior, indumentaria infantil, talleres de marcas masivas y empresas con producción propia. Los expedientes judiciales repiten un mismo patrón: caída del consumo interno, aumento de costos, financiamiento caro y presión de productos importados. Además, se observa un cambio estructural en el modelo de negocios. Varias marcas que antes fabricaban en el país migraron hacia importación directa desde Asia y ventas online, reduciendo pedidos a talleres locales.
El resultado se refleja en suspensiones de personal, reducción de turnos y cierres de líneas de producción. Incluso compañías históricas buscan refugio judicial para evitar el colapso. Entre ellas, A. Mutz y Cía., fundada hace más de 120 años y dueña de marcas como Zorba, Mercury y Mutz Sport, ingresó en concurso preventivo tras reconocer cesación de pagos.

En su presentación, la firma explicó que inflación, caída del consumo, suba de tarifas y costos laborales erosionaron sus márgenes. En este sentido, destacó el crecimiento de importaciones desde China, Brasil y Bangladesh, con precios imposibles de igualar.
Multiplicación de concursos preventivos
Por otro lado, Textilana, fabricante marplatense de la marca Mauro Sergio, se presentó en concurso preventivo tras meses de suspensiones y caída de ventas. La compañía llegó a suspender a 175 trabajadores entre noviembre de 2025 y marzo de este año.
La crisis también golpeó a Fantome Group, proveedor de marcas como Reebok, Kappa, Billabong, Cheeky, Mimo y Kosiuko. La empresa describió una “competencia diabólica” frente al ingreso de importados y la pérdida de contratos que desarticuló su estructura.

Otro expediente expuso el deterioro de Owoko, marca de indumentaria infantil que llegó a tener más de 40 locales en el país. Terminó en concurso con un pasivo superior a $2.800 millones, cierre de sucursales y fuerte caída de ventas.
El grupo TN Platex, controlado por la familia Karagozian, también recurrió a concurso preventivo con su firma Hilado S.A.. En paralelo, decidió cerrar DFAC (De Fábrica al Consumidor), proyecto impulsado por Teddy Karagozian para comercializar ropa básica nacional.
El impacto de las importaciones
Textil Amesud, vinculada al empresario Yeal Kim, reconoció trabajar apenas entre 20% y 30% de su capacidad instalada. El nivel resulta inviable para sostener costos operativos. A la lista se sumó Ted Bodin, dedicada a indumentaria femenina desde 1984. La empresa explicó que el modelo dejó de ser sustentable tras una caída superior al 40% en ventas reales en dos años.

El expediente mencionó el impacto de plataformas como Shein y Temu, que ofrecen ropa a menor costo con entrega directa en Argentina. La presión sobre precios y locales físicos se combinó con alquileres ajustados por inflación y costos financieros crecientes.
En paralelo, el sector advierte que el problema ya no responde solo a la recesión. Se trata de un cambio profundo en el modelo de negocios, con importaciones flexibles, plataformas internacionales y consumo deprimido. Por ahora, los concursos preventivos son la cara más visible de una crisis que atraviesa a buena parte del entramado textil argentino. El futuro del modelo industrial basado en producción local y consumo interno aparece cada vez más en duda.

