El sistema bancario argentino atraviesa un momento crítico por el salto en la irregularidad de los créditos otorgados. Entidades de primera línea convocan a clientes con impagos superiores a los 90 días para entablar renegociaciones sobre las condiciones originales de los préstamos. Esta iniciativa surge como respuesta directa a los altos niveles de morosidad por el deterioro de la capacidad de pago de los usuarios. El movimiento es todavía incipiente y los directivos de las instituciones financieras lo manejan con total discreción y un perfil bajo ante la opinión pública.
Las líneas afectadas corresponden principalmente a créditos para el consumo con plazos de extensión inferiores a los 36 meses. Los clientes enfrentan dificultades para cumplir con las cuotas por la caída en sus ingresos reales o directamente ante la pérdida de empleo.
Estrategias de renegociación frente al riesgo
La negociación entre bancos y clientes se basa en la buena voluntad de las partes para alcanzar nuevos acuerdos. La meta de las entidades es el establecimiento de una cuota que el deudor pueda afrontar según su realidad económica actual.
Las medidas de auxilio incluyen el alargamiento de los plazos de devolución de los fondos. En determinados casos, los bancos también evalúan una rebaja del costo financiero para evitar la pérdida total del crédito y facilitar la normalización de la cartera.
“Todos estamos trabajando para superar el momento. Llevará tiempo volver a niveles razonables de morosidad”, comentó el director de un banco líder extranjero. El directivo señaló que será necesaria la estabilidad de las tasas de interés para lograr una normalización de la actividad.
Desde la banca pública existe una visión similar sobre el escenario monetario nacional. “Con más liquidez en pesos, y con mejoras en la actividad, el crédito irá volviendo solo y tranquilo”, razonó un directivo sobre la política del Banco Central.

Cifras récord de irregularidad financiera
El panorama es alarmante para el crédito destinado a las familias argentinas. La mora en este sector trepó al 11,2% en febrero y consolidó el valor más alto registrado desde el año 2004, tras dieciséis meses de subas consecutivas.
La problemática no es un hecho aislado de gestión, sino un fenómeno macroeconómico que afecta a 28 de las 30 principales entidades del país. La crisis golpea con mayor dureza a las entidades no financieras, donde la morosidad escaló al 29,9%.
El hogar promedio queda atrapado en una pinza financiera asfixiante entre la inflación y los costos de financiamiento. El deterioro de los ingresos convive con ratios de deuda inéditos para la última década dentro del sistema formal de préstamos.
El sostenimiento de las tasas de interés
A pesar de la flexibilización de la política monetaria oficial, las tasas para préstamos personales se mantienen en niveles elevados. La Tasa Nominal Anual (TNA) ronda el 70%, lo que deriva en un Costo Financiero Total superior al 250% anual.
Existe un vínculo directo entre el nivel de las tasas y el riesgo de impago que asumen las instituciones. La elevada mora presiona al alza el costo del financiamiento como mecanismo de compensación ante la incertidumbre del mercado. La falta de previsibilidad en la política de tasas oficial bajo el esquema monetario actual dificulta una baja en los mostradores. El ratio entre la tasa de préstamos personales y la tasa de referencia del Banco Central presenta un desacople histórico.
El costo para el consumidor final no baja al mismo ritmo que las tasas que el organismo rector paga a las entidades. Esta situación consolida una barrera para la normalización crediticia mientras el país busca una salida a la recesión económica.
Con información de IProfesional

