En los últimos dos años, los cambios en el mercado laboral argentino no fueron significativos. Sin embargo, entre los desocupados creció el pasaje hacia el autoempleo informal. Además, se redujeron las posibilidades de acceder a empleos formales, tanto en el sector privado como en el público. El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) destacó que la intensificación de la participación laboral, desde 2017, se dio sobre una estructura con limitadas oportunidades de inserción en puestos productivos y regulados.
En este sentido, la recomposición posterior a las crisis de 2018-2020 no implicó una recuperación homogénea de la calidad del empleo. “El mercado de trabajo argentino enfrenta dificultades recurrentes para generar empleos productivos y de calidad. Aunque esto se reconoce como un problema estructural de la Argentina, durante los últimos 15 años se agravó en un contexto de estancamiento económico, baja productividad, inestabilidad macroeconómica y fragmentación regulatoria”, explicó el documento.
Los cambios en la movilidad laboral en los últimos dos años
El deterioro no se reflejó en un aumento marcado de la desocupación, como en los 90, sino en una degradación de las condiciones laborales y salariales. Entre los trienios 2011-2013 y 2023-2025, el pasaje de la desocupación al autoempleo informal subió de 24,1% a 29,5%, mientras que el tránsito hacia empleos formales cayó de 24,1% a 19,6%. Asimismo, la movilidad desde el trabajo asalariado formal hacia el autoempleo informal pasó de 4,8% a 6,2%.

El ODSA advirtió que el sistema productivo enfrenta limitaciones para conciliar inversión sostenida con expansión de sectores intensivos en mano de obra. En esta línea, se observa una alternancia entre actividades de baja productividad y alta generación de empleo interno, y otras de alta rentabilidad ligadas a recursos naturales y servicios financieros, con escaso impacto en la creación de puestos.
“La recuperación del PBI no garantiza, por sí misma, una recomposición equivalente de la ocupación formal”, aseguró el informe. De este modo, la principal transformación fue la recomposición hacia sectores de menor productividad y más desprotegidos, con ingresos reducidos en el segmento microinformal: patrones en microestablecimientos, trabajadores por cuenta propia no profesionales, obreros en locales de hasta cinco ocupados y trabajadoras domésticas.
La fragilidad del sistema productivo
En este sentido, se habla de una “uberización” del mercado laboral, donde quienes pierden empleo formal recurren a plataformas digitales. El problema es que esos servicios muestran signos de saturación, con remuneraciones y beneficios en descenso. Así, el ODSA describe una reorientación regresiva de las trayectorias laborales.

El informe concluyó que la evolución político-económica-productiva expresa “una desarticulación persistente entre crecimiento, productividad y empleo protegido”. Asimismo, señaló que la normativa protectora para asalariados perdió efectividad frente al avance del autoempleo y el trabajo no registrado.
El retroceso se concentra en el segmento microinformal, aunque también afecta al sector privado formal. Allí, los trabajadores presentan una probabilidad relativa 18 veces mayor de ubicarse en el estrato de mayores ingresos. “La movilidad ocupacional reciente no opera como canal de integración o ascenso, sino como ajuste defensivo de los trabajadores”, indicó el documento.
Analizando posibles soluciones, Ramiro Robles, investigador del ODSA, planteó que es clave fortalecer las políticas de coordinación salarial y promover la formalización. “No parece evidente que en el corto plazo la situación del empleo vaya a mejorar”, concluyó.

