La historia del herbicida agrotóxico más vendido del mundo, Roundup, es una saga de innovación química, control corporativo y encubrimiento científico. Culminó en una de las adquisiciones empresariales más ruinosas de la historia. Originalmente comercializado como un producto “más seguro que la sal de mesa”, el ingrediente activo de Roundup, el glifosato, pasó de ser una solución agrícola milagrosa a un “probable carcinógeno humano”, que dejó a su propietario final, Bayer, lidiando con más de 100.000 demandas.
Esta exhaustiva investigación sobre la evolución de Monsanto —desde su producción de químicos tóxicos como la dioxina en el Agente Naranja hasta el desarrollo del herbicida Roundup y la creación de un monopolio de semillas— fue posible gracias a la dedicación de académicos y periodistas de investigación. La información se basa en gran medida en los hallazgos de Carey Gillam. Es una periodista que informó sobre Monsanto por décadas y cuya obra The Monsanto Papers fue fundamental para exponer los documentos internos que demostraron la “duplicidad y el engaño” corporativo de la empresa.
El informe también se nutre del contexto académico provisto por el trabajo de Bart Elmore, autor del libro Seed Money, quienes juntos ayudaron a revelar cómo Monsanto manipuló la ciencia, utilizó el ghostwriting de estudios de seguridad y coludió con “funcionarios corruptos de la EPA” para proteger la narrativa de que el glifosato era “más seguro que la sal de mesa”.
La evolución del veneno y la resistencia
Roundup fue lanzado por Monsanto en 1974 y se presentó como un herbicida que “atraviesa la planta para matarla, copas y rizomas”. El glifosato bloquea la vía del Shikimato, esencial para la supervivencia de las plantas, las bacterias y los hongos, que está ausente en humanos y animales, lo que permitió a Monsanto comercializarlo como inherentemente seguro.
Sin embargo, el historial químico de Monsanto ya estaba marcado por sustancias peligrosas. En la década de 1940 y 1960, la compañía fue un actor importante en la producción de herbicidas selectivos como el 2,4-D y el 2,4,5-T (componentes del Agente Naranja). Ese producto resultó estar contaminado con dioxina, un compuesto que Dow, otro gran productor, reconoció como “el compuesto más tóxico que jamás hayan experimentado”.

Décadas más tarde, el glifosato demostró tener un problema diferente: la evolución. Desde la década de 1970, el uso excesivo de glifosato, especialmente junto con las semillas genéticamente modificadas Roundup Ready, ha provocado que más de 60 especies de malezas se hayan vuelto resistentes a la sustancia. Esta resistencia fue la razón por la que, finalmente, el producto “ya no funciona tan bien” y llevó a Bayer a eliminar el glifosato de sus productos comerciales de Roundup, que reemplazó irónicamente, en gran medida, con el antiguo herbicida 2,4-D.
Manipulación científica y encubrimiento corporativo
La percepción pública de la seguridad de Roundup fue destrozada en 2015, cuando la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS clasificó al glifosato como un “probable carcinógeno para los humanos”. IARC señaló que la evidencia más sólida se relacionaba con el linfoma no Hodgkin (LNH).
Los documentos internos de la empresa, conocidos como los “Monsanto Papers”, revelados en 2017, expusieron las tácticas de Monsanto para controlar la ciencia y la opinión pública. Entre ellas se encontraban:
- Ghostwriting de Estudios: se descubrió que un influyente artículo de 2000 que concluía que Roundup no representaba un riesgo para la salud humana (Williams, Kroes y Munro) fue escrito internamente por Monsanto. William Heydens, director de toxicología de Monsanto, se refirió a este proceso de la siguiente manera: “Estaríamos manteniendo el costo bajo si nosotros hacíamos la escritura y ellos solo editaban y firmaban sus nombres, por así decirlo. Recuerde que así manejamos Williams Kroes and Munro”.
- Colusión Regulatoria: Monsanto aparentemente coludió con “funcionarios corruptos de la EPA” para tratar de anular investigaciones opuestas.
- Estrategia “Let Nothing Go”: una campaña masiva para desacreditar a los opositores, incluyendo el entrenamiento de académicos y nutricionistas para promover la seguridad del producto. Un individuo incluso hizo una declaración promocionando su seguridad, aunque luego se retractó: “Usted puede beber un cuarto entero y no le hará daño. ¿Quiere beber un poco? Tenemos algo aquí.” A lo que siguió: “No, no soy estúpido”.

La adquisición de Bayer: desconexión de responsabilidad
Justo cuando las demandas por cáncer se acumulaban, Monsanto encontró una salida. En el verano de 2018, con más de 11,000 demandantes en camino, Monsanto concretó su adquisición por parte del gigante químico alemán Bayer.
“Monsanto cobró, los ejecutivos se fueron hacia el atardecer y Bayer se quedó sosteniendo la bolsa”.
La adquisición de Monsanto por parte de Bayer se encontró con una reacción inmediata y negativa por parte de los inversores. Un titular, presumiblemente del Wall Street Journal, la calificó como “La Peor Adquisición de la Historia”.
Pocos meses después de la adquisición, Bayer fue golpeado por el primer veredicto importante en el caso de Dewayne Lee Johnson, a quien se le concedieron $289 millones en daños por desarrollar linfoma no Hodgkin después de una sobreexposición a Roundup en el trabajo.

Hasta 2025, Bayer se vio obligado a resolver más de cien mil demandas por cáncer relacionadas con los daños causados por Roundup de Monsanto, que llegó a acuerdos que superaron los $10 mil millones.
A pesar de las resoluciones masivas y la evidencia de manipulación corporativa en los “Monsanto Papers”, la compañía, ahora propiedad de Bayer, continúa negando cualquier irregularidad y mantiene que Roundup no pudo haber causado el cáncer de los demandantes. Expertos señalan que la gran cantidad de recursos que Monsanto gastó en estudios de ghostwriting y relaciones públicas sugiere que “si realmente tuvieran un producto seguro, ¿por qué tendrían que participar en tanto engaño?”.

