El mercado inmobiliario argentino recibió un golpe inesperado cuando dos bancos anunciaron la pausa de sus líneas de crédito hipotecario. La noticia llegó desde dos frentes: el Banco Ciudad (CABA) y el Banco del Chubut. Ambas entidades confirmaron la suspensión, aunque explicaron que se trataba de una revisión de productos y no de una cancelación definitiva. Sin embargo, la medida encendió alarmas en un sector que ya enfrentaba tensiones por la suba de tasas, mayores requisitos y la incertidumbre cambiaria.
El Banco Ciudad detalló que “las carpetas ya ingresadas continuarán su trámite, pero no se aceptarán nuevas hasta que no se reactiven las líneas”. Además, aseguró que en las próximas semanas desembolsará 600 préstamos ya solicitados. En paralelo, el Banco del Chubut confirmó que su línea estuvo pausada más de 10 días, pero luego anunció la reactivación. No obstante, en la página web de la entidad provincial todavía no figuraba habilitada.
El presidente del Banco del Chubut, Paulino Caballero, intentó llevar tranquilidad. “El banco continúa con los créditos hipotecarios y no está en carpeta suspenderlos ni ponerlos en pausa”, afirmó. Sus declaraciones, sin embargo, no lograron despejar del todo las dudas, ya que la incertidumbre se expandió al resto del sistema.

Un contexto adverso para el mercado inmobiliario
La pausa se dio en medio de un escenario complejo. Durante los últimos meses, las tasas hipotecarias aumentaron de manera significativa, varios bancos endurecieron las condiciones de acceso y el dólar subió casi $200 en apenas 50 días. Esa combinación de factores generó un clima de desconfianza y un mercado crediticio mucho más restrictivo.
Especialistas del sector advierten que la suspensión temporal de líneas por parte de entidades públicas o regionales refleja la falta de liquidez a largo plazo del sistema financiero. Los bancos necesitan recursos estables para otorgar préstamos de 20 o 30 años. Sin la posibilidad de securitizar esas carteras y transferir el riesgo a inversores, las entidades optan por dos caminos: subir tasas para frenar la demanda o directamente pausar las líneas.
La coyuntura preelectoral también agrega presión. La volatilidad política eleva la percepción de riesgo y desalienta decisiones de largo plazo. En este marco, las entidades bancarias priorizan cuidar sus balances antes que arriesgarse a un incremento de la morosidad.
Condiciones previas y cambios recientes
Antes de la suspensión, el Banco Ciudad ofrecía una tasa nominal anual del 9,9% en general y del 4,5% en zonas preferenciales de la Ciudad de Buenos Aires. Además, financiaba montos de hasta $350 millones y ya había otorgado 2800 créditos hipotecarios por más de $252.000 millones.
En el caso del Banco del Chubut, la propuesta incluía tasas del 6% para primera vivienda y del 8,5% para segunda, con préstamos de hasta $230 millones. Eran condiciones competitivas en un mercado con escasa oferta crediticia.
La situación cambió cuando varias entidades decidieron modificar sus requisitos. El Banco Nación, por ejemplo, no solo ajustó tasas sino que elevó el scoring de sus clientes. Eso implicó exigir un perfil crediticio casi perfecto, lo que dejó fuera a muchos solicitantes.
El Banco Macro llevó su tasa al 15% y Banco Galicia la fijó en 11,5%. En general, la mayoría de las entidades ya tiene tasas iguales o superiores al 10%. Estos saltos encarecen la cuota y expulsan a numerosos compradores del mercado.
Impacto en el mercado inmobiliario
El efecto no se hizo esperar. En el sector inmobiliario aseguran que muchas operaciones en curso quedaron interrumpidas porque los bancos cambiaron las reglas de manera repentina. “De golpe te dicen que subieron el scoring u algún otro requisito y quedaste afuera”, relató un broker.
Hoy, el crédito hipotecario explica cerca del 20% de las operaciones de compraventa. Por eso, un freno en esta herramienta se traduce en un golpe directo al mercado. “Se va a ralentizar mucho la otorgación de créditos hipotecarios y eso tiene un efecto multiplicador en las demás operaciones por el mismo efecto de encadenamiento del mercado”, señaló Fabián Achával, de la inmobiliaria homónima.
El especialista agregó que habrá que esperar a que se calme la turbulencia y subrayó que “todo va a depender de lo que pase con las elecciones”.
Por su parte, Federico González Rouco, economista de la consultora Empiria, coincidió en que la perspectiva cambió de manera significativa. “La perspectiva del escenario que se viene es distinta con o sin crédito. El mercado se estructuró para tener financiación, por lo que si no hay crédito, deberá reestructurarse de vuelta o esperar que el año que viene se reacomode todo y vuelva el financiamiento hipotecario“, explicó.
El trasfondo del problema
La raíz de la crisis hipotecaria es estructural. Sin un mercado de capitales desarrollado ni instrumentos de securitización eficientes, los bancos cargan con la totalidad del riesgo de los préstamos a largo plazo. En este contexto, cualquier movimiento cambiario, suba de tasas o inestabilidad política se refleja de inmediato en las condiciones de acceso.
El endurecimiento de requisitos, la suspensión de líneas o el encarecimiento de cuotas son síntomas de un mismo problema: la imposibilidad de sostener hipotecas a 20 o 30 años en un país con inflación alta, volatilidad cambiaria y falta de instrumentos financieros de cobertura.
Perspectivas
El panorama inmediato luce complicado. Las entidades que frenaron sus líneas intentan mostrar que se trata de una revisión de productos y no de una retirada definitiva del mercado. Sin embargo, la señal fue clara: el sistema enfrenta un límite en su capacidad de ofrecer hipotecas masivas.
Para los compradores, el acceso a la vivienda mediante crédito hipotecario se convirtió en un sueño cada vez más lejano. Para el sector inmobiliario, representa una caída en la demanda que difícilmente pueda compensarse en el corto plazo.
En definitiva, lo que hoy ocurre con el Banco Ciudad y el Banco del Chubut es una muestra de un problema mayor: el crédito hipotecario en Argentina sigue atrapado entre la falta de fondeo, la inestabilidad económica y la incertidumbre política. Hasta que no se resuelvan esas cuestiones estructurales, cada turbulencia seguirá golpeando con fuerza a uno de los mercados más sensibles para la clase media.

