
El contexto económico nacional presenta un marcado debilitamiento del poder adquisitivo. Esta situación reconfiguró los hábitos de consumo en muchos hogares argentinos. Como consecuencia, el uso de la tarjeta de crédito para gastos cotidianos se incrementó de manera significativa. Los datos oficiales reflejan un crecimiento real del endeudamiento del 55% en el último año. Este plástico ya no financia solo bienes durables, sino que cubre cada vez más la canasta básica.
Este fenómeno se replica a nivel local, según consultas realizadas por canal12misiones.com en Oberá. Los vecinos muestran diversas estrategias para manejar sus finanzas personales. Algunos utilizan el crédito de forma planificada, mientras otros lo evitan por completo. El común denominador es la adaptación a un escenario económico complejo. Así, la tarjeta se transforma en una herramienta clave para la administración del presupuesto familiar. Sin embargo, también es evidencia de una situación que genera incertidumbre entre los usuarios.
Para algunos obereños, su uso responde a una estrategia financiera calculada. Omar Benítez explicó su método: “Uso la tarjeta por un beneficio que tengo con el banco. Me ahorro el costo del mantenimiento”. En su caso, la utiliza en el supermercado no por necesidad de financiar, sino por el beneficio concreto. Esta visión de la tarjeta como un instrumento de optimización contrasta con otras realidades.

Por el contrario, otros vecinos la consideran una alternativa forzosa. Héctor Ares manifestó una postura compartida: “La tarjeta es una alternativa porque el sueldo no alcanza. La realidad es que todos estamos viviendo eso”. Su testimonio refleja la dependencia del crédito para cubrir compras básicas. Ares agregó que intenta pagar el resumen completo, aunque reconoce la dificultad que eso implica.

Existe, además, un grupo que ha optado por prescindir del crédito formal tras malas experiencias. Marcelo Javier Rodríguez narró su decisión: “Era solo deuda en deuda, cada vez peor. Solo te endeudas con eso”. Ahora se maneja exclusivamente con efectivo o con crédito directo en comercios de su localidad. Prefiere acuerdos “cara a cara” con almaceneros de confianza.

En cuanto a los rubros de consumo, las compras en supermercado son el destino principal. María Barrios detalló un cambio en sus hábitos recientes: “Antes era para alguna compra de electrodoméstico. Ahora me veo obligada a hacer la compra del supermercado con tarjeta”. Este pasaje de uso ocasional a recurrente para alimentos es una tendencia clara entre quienes la utilizan. En el caso de María, explicó que con su marido son jubilados y es él quien se encarga de las compras, pero mes a mes la deuda crece. Asimismo, relató que hace poco tiempo atravesó un percance de salud y tuvo que modificar hábitos alimenticios, lo que encarece su día a día.
Las perspectivas sobre la gestión del crédito son diversas. Mientras algunos son enfáticos en pagar el total del resumen, otros reconocen el esfuerzo que eso supone. Esta dinámica local refleja la realidad nacional, donde el crédito se convirtió en un sostén para el consumo diario, marcando un cambio profundo en los hábitos financieros de la población. Sin embargo no deja de ser una preocupación el incremento de los consumos de tarjeta que mes a mes se hacen más difíciles de afrontar.

