La zona centro-sur de Chile vive una de las emergencias más graves de los últimos años a causa de incendios forestales que avanzan sin control en las regiones de Ñuble y Biobío. La combinación de temperaturas extremas, vientos intensos y condiciones climáticas adversas provocó un escenario crítico que ya dejó al menos 19 personas fallecidas.
El presidente Gabriel Boric confirmó la cifra de víctimas fatales y anunció una serie de medidas excepcionales para enfrentar la catástrofe. Entre ellas, se decretó el Estado de Desastre Natural en ambas regiones, lo que permite acelerar el uso de recursos económicos y logísticos, y se estableció un toque de queda nocturno en las zonas más afectadas para resguardar a la población y prevenir nuevos focos intencionales.
La magnitud del desastre obligó a un despliegue inédito de los equipos de emergencia. Más de 50.000 personas debieron evacuar sus hogares ante el avance de las llamas, mientras bomberos y brigadistas de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) trabajan de manera intensiva para controlar al menos 14 focos críticos activos.
En materia de asistencia humanitaria, las autoridades habilitaron albergues en ambas regiones. En Ñuble funcionan seis refugios que alojan a unas 160 personas, mientras que en Biobío se habilitaron ocho recintos que ya reciben a más de 700 damnificados, en un contexto de creciente demanda de ayuda.
Desde el Gobierno advirtieron que el escenario podría agravarse en las próximas horas. El ministro del Interior, Álvaro Elizalde, señaló que las proyecciones meteorológicas anticipan temperaturas extremas que dificultan el combate del fuego, mientras que desde el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) insistieron en evitar las zonas de emergencia para no entorpecer las tareas de rescate.
Las autoridades mantienen activo el Sistema de Alerta de Emergencia, que ya emitió decenas de mensajes de evacuación a los teléfonos celulares de los residentes en áreas de riesgo. En un país marcado por tragedias recientes vinculadas a desastres naturales, la prioridad sigue siendo preservar la vida humana mientras se aguarda una mejora en las condiciones climáticas que permita contener el avance del fuego.

