El mayor fabricante de smartphones de China busca consolidarse como potencia manufacturera global con el lanzamiento de su chip Xring O1, basado en tecnología de 3 nanómetros, y con su incursión en el mercado de vehículos eléctricos. El giro estratégico coloca a Xiaomi en la misma liga que Apple, Samsung y Tesla, con un modelo de integración vertical y alto valor agregado.
Xiaomi, fundada en 2010 por Lei Jun y otros seis socios, nació como una empresa de software y rápidamente incursionó en la telefonía móvil. En apenas tres años, el Xiaomi Mi 2S se convirtió en el smartphone más vendido de China, superando al iPhone 5 y al Galaxy S4. Sin embargo, durante mucho tiempo se le reprochó depender de proveedores externos y funcionar como una ensambladora de productos de terceros.
El propio Lei Jun reconoció esa crítica y, desde 2020, inició un giro hacia la fabricación propia. La inversión en una planta de 600 millones de yuanes (USD 83,5 millones) en Beijing marcó un punto de inflexión, ya que permitió producir en lotes reducidos el primer teléfono plegable de la compañía.
En 2024, Xiaomi trasladó la producción de sus modelos premium a sus propias fábricas, lo que se tradujo en un crecimiento interanual del 81% en envíos de teléfonos de alta gama en el primer trimestre de 2025, frente a un aumento del 3% en sus envíos generales, según datos de Canalys.
Chips propios y la apuesta por el biometano de la movilidad
El avance más reciente de Xiaomi es el Xring O1, un chip de 3 nanómetros que marca su entrada en la carrera del silicio, siguiendo el camino de Apple con sus procesadores de la serie M. “En el futuro solo habrá dos tipos de empresas: las que desarrollan sus propios chips y las que no lo hacen. Surgirá una brecha generacional en la competitividad básica”, afirmó Lu Weibing, presidente de Xiaomi.
La compañía también apuesta fuerte al mercado automotriz. En marzo de 2024 lanzó el Speed Ultra 7 (SU7), su primer sedán deportivo eléctrico, con funciones de conducción autónoma y un sistema operativo conectado a smartphones y electrodomésticos. En junio de 2025 presentó su primer SUV eléctrico, cuya demanda superó las expectativas y lo posiciona como competidor directo del Model Y de Tesla.
En su planta de Beijing, Xiaomi produce un vehículo cada 76 segundos y proyecta alcanzar una capacidad de 350.000 autos eléctricos al año con la segunda fase de su fábrica. El avance se da en paralelo al abandono del Apple Car, un proyecto que nunca logró salir al mercado.

Repercusiones globales y la “estrategia de Estado”
El giro de Xiaomi se alinea con el llamado del presidente Xi Jinping a desarrollar “nuevas fuerzas productivas de calidad”, en un contexto de competencia tecnológica con Estados Unidos y tensiones en las cadenas de suministro globales.
Analistas de Citic Securities estiman que Xiaomi podría superar a Tesla en ventas en China durante 2026, consolidando un liderazgo que va más allá de los teléfonos inteligentes. El salto de una marca de ensamblaje a fabricante de referencia responde a una estrategia de integración vertical, innovación en materiales —como aleaciones de aluminio y acero ultrarresistente— y control de procesos críticos.
Las acciones de Xiaomi crecieron casi 200% en el último año, reflejando la confianza de los inversores en esta reinvención.
Para el analista Richard Windsor, fundador de Radio Free Mobile, el cambio es profundo: “Xiaomi era Lego: juntaba piezas externas para ensamblar productos. Hoy está construyendo su propio ecosistema de tecnología avanzada”.
¿Xiaomi, el nuevo Apple + Tesla?
Con el liderazgo de Lei Jun, apodado el “Steve Jobs chino”, Xiaomi busca posicionarse como Apple + Tesla en una sola empresa: dispositivos inteligentes, software integrado, chips propios y autos eléctricos.
La clave estará en sostener la inversión en I+D, profundizar su independencia tecnológica y expandir su capacidad productiva. Si logra consolidar su estrategia, Xiaomi podría convertirse en el referente global de la industria tecnológica china, marcando un hito en la competencia geopolítica por la innovación.

